En la parte alta del corregimiento de San Cristóbal, vereda El Llano, la familia Ríos Ortiz encontró en el agroturismo una forma de preservar sus raíces campesinas. En la finca El encanto de mis abuelos reciben a visitantes interesados en conocer de cerca la experiencia rural, mientras enfrentan dos desafíos: la falta de relevo generacional y los efectos del cambio climático.
Para Cristian Ríos, quien ha dedicado su vida al campo, transmitir y cuidar la tradición es fundamental a la hora de sostener los cultivos y la economía rural. “Si no hay un relevo generacional esa cadena de trabajo se interrumpe, obligando a los papás y abuelos a vender sus fincas. Aquí hemos tratado de inculcar el amor por el campo a nuestros hijos para que no se olviden de dónde vienen y cómo pueden progresar en la ruralidad”, explica.
Muchos de los jóvenes que nacieron en la zona han perdido el interés por trabajar allí, hecho que para estas familias se convirtió en una problemática que ya tiene sus efectos a nivel de productividad: “Las nuevas generaciones quieren irse a las ciudades, trabajar en otras cosas y experimentar. Eso está bien, pero da tristeza que la magia del campo esté quedando solo como un recuerdo”.
A este desafío se suma otro que agobia a las familias campesinas: la crisis climática, cuyos efectos ponen en riesgo la producción agrícola y, con ella, la continuidad de la vida rural.
Así se preparan para la sequía
Es simple. Entre más sequía más escasez de productos, y entre menos producción más se elevan los costos para los consumidores. Según cifras de Corficolombiana, cerca del 72% de la agricultura en Colombia depende del agua lluvia, de aquí que se estime el mayor impacto de El Niño en cultivos como los del plátano, la papa, el arroz, la yuca y la caña de azúcar.
Además, la Universidad de Columbia señala que este evento climático podría extenderse hasta junio del 2027. Pero ¿cómo se preparan en el sector rural para este tipo de fenómenos climáticos?
En la finca de los Ríos cuentan con un sistema de riego que ahorra el consumo del agua. “Se trata de curvas de nivel en la tierra que conservan la humedad de dicho terreno y así la sequía no pega tan fuerte en los cultivos. Esta también ha sido una recomendación que nos han hecho las autoridades ambientales por medio de capacitaciones”, comenta Cristian.
Allí se cultivan frutas, verduras y hortalizas como cebolla, tomate, piña, acelgas, lechuga, limón, entre otras. Cada uno de los productos requiere un cuidado especial. “Por medio de este sistema se produce un efecto esponja que hace que dure más la humedad y no se seque tan rápido la tierra, a la vez que ahorramos el agua que usamos para los riegos”.
Las curvas de nivel a las que hace referencia el empresario no son una metodología nueva; los padres de Cristian la vienen aplicando desde hace décadas. “Es una costumbre que ha funcionado y es efectiva para el cuidado de los cultivos, y más en unas pendientes tan pronunciadas como las que hay en San Cristóbal”.
Al método esponja se le suman unos tanques y cultivos hidropónicos que reutilizan las aguas lluvias para el riego de la tierra. “Con los tanques ahorramos un 90 % del agua en comparación con los aspersores tradicionales. Un tanque de 1.000 litros puede durar una semana o más”.
“Existe una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y los primeros meses de 2027. Sus efectos varían según la región, la altitud y la época del año”, Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales).
El cuidado de las quebradas
A un costado de la finca pasa la quebrada La Puerta, la misma que “desde años de los años” ha abastecido de agua a los campesinos de la zona.
Sin embargo, la contaminación y los malos cuidados del afluente los ha perjudicado en gran manera. “Por el intenso calor y la construcción de tantas viviendas ya se ve la quebrada más contaminada, y en las épocas de verano se sienten los malos olores”, agregó Ríos.
El solo hecho de no arrojar basuras a las quebradas y convivir de una manera correcta con estos afluentes es un paso gigante para evitar desastres y extender la vida de este recurso natural. Como explica Federico Restrepo, director general de Impact Hub Colombia, “debemos poner el foco en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para que los afluentes que existen en Medellín estén protegidos en todo su cauce y no ocurran los desastres que vemos en cada invierno. Esto se complementa con la consciencia y el cuidado que tenga cada ciudadano con respecto a las basuras y demás contaminantes”.
Restrepo también habla del concepto “Medellín como ciudad esponja”, un trabajo que aplica Cristian Ríos en sus terrenos y que también se adopta en diferentes espacios verdes de la ciudad. “La idea es cambiar esos pisos duros por pisos que tengan esa capacidad de absorción, tanto para el ahorro del agua como para evitar inundaciones”.
La protección de las quebradas también implica reconocer su papel en el equilibrio del territorio. Conservar la vegetación que las rodea, permitir que el agua se infiltre en el suelo y evitar que los residuos lleguen a sus cauces son acciones que contribuyen a reducir los riesgos asociados a las lluvias y a preservar la disponibilidad del recurso hídrico. En ese sentido, las iniciativas que integran la naturaleza a la planificación urbana y rural se convierten en una alternativa para construir una ciudad más resiliente frente a los efectos del cambio climático.
Un compromiso que no termina
Horas después de realizar esta nota y de un intenso calor en la zona, Cristian Ríos reportó que una fuerte tormenta arrasó con gran parte de sus cultivos, consecuencia del cambio en el clima que vivimos.
“El compromiso sigue. Tenemos muchas problemáticas, pero las personas de esta región, al menos en su mayoría, estamos contribuyendo al cuidado del medioambiente. Sembramos a las orillas de las quebradas, ahorramos el agua con estos sistemas de riego, no arrojamos desperdicios a los afluentes, manejamos la economía circular y reciclaje... Es ser lo más consciente posible de que debemos cuidar nuestro entorno y prepararnos para lo que se viene”.
El desafío, entonces, no se limita a enfrentar una temporada de sequía o a recuperarse de una tormenta. También pasa por garantizar que los territorios rurales conserven las condiciones necesarias para producir alimentos, sostener a las familias campesinas y abastecer a las ciudades.
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En un escenario climático cada vez más incierto, la capacidad de anticiparse a los fenómenos extremos será determinante para reducir las pérdidas económicas y evitar que sus consecuencias terminen trasladándose a los mercados y a los hogares. Esto exige que la gestión del riesgo, la asistencia técnica al productor y las decisiones sobre el uso del suelo estén articuladas con las realidades de cada región.
Lo ocurrido en la finca El encanto de mis abuelos (@finca.agro.encanto en Instagram) evidencia la vulnerabilidad a la que está expuesta la producción agrícola, incluso cuando existen esfuerzos por adoptar prácticas sostenibles. La adaptación climática requiere, por tanto, que la experiencia de los campesinos encuentre respaldo institucional y que la protección de la ruralidad sea entendida como una condición para la estabilidad económica y alimentaria de toda la población.
“Usamos un sistema de riego que ahorra hasta un 90 % de agua frente a las metodologías tradicionales” Cristian Ríos, agricultor, Finca El encanto de mis abuelos
Algunas recomendaciones
Según el Instituto Colombiano Agropecuario, entidad adscrita al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, entre las prácticas recomendadas para esta temporada se encuentran el uso de coberturas vegetales, la rotación de cultivos y el mantenimiento de una adecuada fertilidad del suelo. Además, el uso de curvas de nivel en la tierra para conservar la humedad y propiciar el ahorro del agua. También, incorporar compost o abonos verdes para que el suelo retenga mejor la humedad.
Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Cómo afecta el fenómeno de El Niño a los cultivos agrícolas en Colombia?
- El fenómeno de El Niño puede reducir la disponibilidad de agua y afectar la producción agrícola, especialmente en cultivos que dependen de las lluvias. Según las cifras citadas de Corficolombiana, cerca del 72 % de la agricultura colombiana depende del agua lluvia. Entre los cultivos que podrían recibir un mayor impacto están el plátano, la papa, el arroz, la yuca y la caña de azúcar. Las consecuencias varían según la región y las condiciones de cada cultivo.
- ¿Cómo ahorrar agua en los cultivos durante una temporada de sequía?
- Los agricultores pueden ahorrar agua mediante sistemas de riego eficientes, curvas de nivel, recolección de aguas lluvias y cultivos hidropónicos. En la finca El encanto de mis abuelos, en San Cristóbal, Medellín, las curvas de nivel ayudan a conservar la humedad del suelo, mientras que los tanques permiten almacenar agua para el riego. Según el agricultor Cristian Ríos, su sistema ahorra hasta un 90 % de agua frente a los aspersores tradicionales.
- ¿Cómo afecta el cambio climático a las familias campesinas y a la seguridad alimentaria?
- El cambio climático puede afectar los ingresos de las familias campesinas al provocar pérdidas de cultivos por sequías, lluvias intensas y tormentas. Cuando disminuye la producción, también puede verse comprometido el abastecimiento de alimentos para las ciudades. La noticia muestra que, incluso con prácticas de ahorro de agua y cuidado ambiental, los agricultores siguen expuestos a fenómenos extremos. Por eso, la adaptación requiere combinar las iniciativas de los productores con asistencia técnica, gestión del riesgo y decisiones adecuadas sobre el uso del suelo.