La inteligencia artificial promete hacer más con menos esfuerzo. Pero varios estudios recientes advierten que ese mismo esfuerzo que se ahorra puede tener un costo silencioso sobre la capacidad de pensar.
Un estudio del MIT titulado Tu cerebro en ChatGPT, publicado en junio de 2025, analizó a tres grupos de personas que debían escribir redacciones: uno sin herramientas de apoyo, otro con acceso a Google y un tercero con acceso a ChatGPT.
Los investigadores monitorearon la actividad cerebral de los participantes mediante electroencefalografía. Los participantes que dependieron exclusivamente de la IA mostraron una conectividad cerebral más débil y una menor actividad de ondas cerebrales.
El estudio introdujo el concepto de “atropello cognitivo”, definido como la tendencia del cerebro a desconectarse cuando una herramienta externa asume demasiada carga mental.
La consecuencia a largo plazo es la “deuda cognitiva”, una dependencia acumulativa que disminuye progresivamente las capacidades cognitivas intrínsecas, descrita como una deuda oculta que surge de la búsqueda de ganancias de eficiencia a corto plazo.
Sin embargo, ese estudio fue subido a un servidor de preprints en junio de 2025 y aún no ha completado el proceso formal de revisión por pares, por lo que sus conclusiones deben considerarse preliminares.
Pensamiento crítico en el trabajo
Una segunda investigación, realizada por Microsoft y la Universidad Carnegie Mellon y publicada en febrero de 2025, llegó a conclusiones similares pero enfocadas en el entorno laboral.
El estudio analizó 936 casos de uso de IA generativa reportados por 319 trabajadores del conocimiento y encontró que cuanto más confían los empleados en las herramientas de IA para realizar sus tareas, menor es su capacidad de pensamiento crítico y evaluación independiente.
El fenómeno tiene nombre propio en este contexto: “sedentarismo cognitivo”, un estado en el que el pensamiento profundo se vuelve innecesario porque la herramienta lo reemplaza.
Lea también: OpenAI vs. DeepSeek: la búsqueda de autonomía marca el nuevo pulso de guerra de la IA entre EE.UU. y China
Joan Cwaik, especialista en cultura digital, lo resumió en el foro empresarial Innovattek 2026: “El problema no es que los algoritmos piensen por nosotros, sino que dejemos de cuestionar lo que nos sugieren. Ahí es donde empieza la pérdida de criterio”.
Lo que los estudios señalan no es que la IA sea perjudicial en sí misma, sino que su uso sin conciencia puede generar una forma de pereza intelectual difícil de revertir.
La eficiencia aumenta, los tiempos se reducen, los resultados son aceptables. Pero la capacidad de llegar a esos resultados de forma autónoma se va atrofiando con el uso. El reto, según los investigadores, es usar la IA como herramienta de apoyo sin delegar en ella el proceso de pensar.