El hígado puede dañarse durante 25 o 30 años sin que el paciente sienta nada. Sin dolor, señales de alarma ni alteraciones en los análisis de rutina. Y cuando los síntomas aparecen, el daño suele ser irreversible.
Ese es el problema central que el Proyecto LiverScreen, el mayor estudio europeo sobre fibrosis hepática, intenta resolver.
El estudio, con más de 30.000 participantes en nueve países, revela que el 1,6% de la población mayor de 40 años, una de cada 60 personas, tiene fibrosis hepática sin saberlo.
Los resultados fueron presentados en el congreso de la Asociación Española para el Estudio del Hígado y serán publicados próximamente en una revista científica de alto impacto.
La fibrosis ocurre cuando el hígado deja de reparar las lesiones acumuladas por el estilo de vida: mala dieta, alcohol, sedentarismo. En lugar de regenerarse, el tejido forma cicatrices que deterioran el órgano progresivamente.
Sin detección temprana, esas cicatrices avanzan hacia la cirrosis y el cáncer de hígado.
“La enfermedad hepática se desarrolla muy lentamente. El paciente no irá al médico porque no tiene síntomas y los análisis habituales muchas veces tampoco la detectan”, explicó al diario El País de España Pere Ginés, investigador principal del proyecto y especialista en hepatología del Hospital Clínic de Barcelona.
La propuesta de LiverScreen es detectarla desde la atención primaria mediante una ecuación que cruza edad, sexo y resultados de análisis de sangre en glucosa, plaquetas y tres enzimas hepáticas.
Este indicador resulta más fiable que las transaminasas solas, que históricamente han sido el parámetro más usado pero que, según los investigadores, no son un buen marcador de fibrosis.
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Cuando el resultado es alterado, el paciente es derivado a una elastografía de transición, una prueba no invasiva similar a una ecografía que mide la rigidez causada por las cicatrices.
Rafael Bañares, presidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado, señaló que integrar la detección hepática en la consulta de medicina general debería ser prioritario.
“Todo el mundo tiene asumido que vas al médico de familia y te puede encargar pruebas para el control del corazón. Pero no ocurre lo mismo con el hígado”, advirtió.