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Llegó la hora

A veces se nos olvida lo que nos ha costado llegar hasta aquí.

Colombia es mucho mejor que la polarización que nos han vendido. Y hoy es un buen día para demostrarlo.

hace 2 horas
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  • Llegó la hora

Por estos días en Colombia el miedo da tajada. Han aparecido tantas amenazas o supuestas amenazas, con respecto a lo que puede pasar después de las elecciones de hoy domingo, que en el ambiente se percibe una sobrecarga de tensión y preocupación. La zozobra escaló al punto de que casi todos los estamentos con autoridad moral o legal en Colombia han tenido que salir a llamar a la calma, como nunca antes los habíamos visto.

El procurador Gregorio Eljach se la jugó con una significativa campaña de “paz electoral” y junto con el contralor Carlos Rodríguez y el registrador Hernán Penagos convocó a los directores de más de 50 medios regionales, así como de los medios nacionales y a los corresponsales extranjeros, para que se sumen a este propósito. También han salido a pedir calma el Ministro de Defensa, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Gremial, alcaldes y gobernadores, la Conferencia Episcopal y decenas de organizaciones de la sociedad civil. Todos pidiendo lo que debería estar completamente claro en una democracia: que se respete el resultado de las urnas.

¿Cuál es la razón de esta ansiedad? Voces cercanas al Pacto Histórico han sembrado la idea de que el país “se va a incendiar” si la izquierda pierde las elecciones. Y para nadie es un secreto que el presidente Gustavo Petro lleva meses tendiendo un manto de duda y metiéndole palos en la rueda a cada uno de los pasos del proceso electoral. De hecho, el país llega hoy a la segunda vuelta sin que el jefe de Estado haya reconocido oficialmente los resultados de la primera vuelta, una anomalía sin precedentes.

La historia ha demostrado que cuando las emociones están crispadas cualquier palabra en el lugar o momento equivocado puede provocar una catástrofe. Bien respondió el procurador Eljach a esa metáfora del fuego: “Todos los colombianos tenemos que convertirnos en los extinguidores de ese incendio”.

Desde el Vaticano, donde se reunieron con el papa León XIV, los obispos colombianos sumaron su voz. Monseñor Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal, llamó a “vivir con esperanza, responsabilidad y serenidad la jornada electoral” y fue enfático: “No más violencias, no más odios, no más muertes”.

Los alcaldes de Bogotá, Medellín, Barranquilla y el gobernador de Antioquia, con Proantioquia y el constitucionalista Mauricio Gaona coincidieron en la consigna: “Votemos sin miedo, votemos a conciencia, votemos en libertad”. Y 53 organizaciones más, entre ellas la MOE, Dejusticia, la Flip, Transparencia, Caribe Afirmativo, ASCUN, Greenpeace, la CGT y la Red Nacional de Mujeres, pidieron a los candidatos acatar el resultado de las urnas.

Esa coincidencia de voces, ese coro sinfónico por la democracia, es digno de aplauso y merece que todos entonemos la misma nota.

No obstante vale la pena dejar claras tres cosas. La primera es que no es el Presidente quien decide si los resultados de las elecciones son válidos o no. Lo dijo expresamente el Procurador: “la única autoridad con efectos jurídicos para definir si una elección fue o no válida es el Consejo Nacional Electoral, con base en el escrutinio que hacen los jueces a partir de la organización que elabora la Registraduría. Nadie más tiene la competencia para decidir si se aceptan o no los resultados”.

La segunda es que no nos podemos dejar arrastrar por los discursos apocalípticos. No se puede perder de vista que la misma advertencia –lanzar a la gente a las calles o crear un “estallido” social– ha sido estrategia de la izquierda para infundir temor. El país hoy es otro y ya conoce los intereses que hay detrás de este tipo de manifestaciones.

Y tercero, es crucial que la sociedad toda haga un ejercicio de autocontrol con sus redes sociales. Mientras el país pide serenidad, las plataformas digitales –de los dos lados– hacen exactamente lo contrario, exaltan los ánimos, provocan la rabia de los extremos y agudizan la polarización, porque ese es su negocio. Por eso la frase del ex funcionario que amenazó con el incendio del país circuló más rápido y con mayor alcance que cualquier comunicado que llame a la calma.

Colombia sin duda es mejor que eso. A cada ciudadano le cabe la tarea de no difundir mensajes falsos, videos hechos con inteligencia artificial que buscan manipular y mucho menos insultos y agravios. Tener presente que el algoritmo se aprovecha de nuestros sesgos para hacernos caer en la trampa del odio.

Nuestra democracia no es perfecta. Tiene problemas de financiación política, maquinarias regionales cuestionables y un largo historial de violencia que nos avergüenza. Pero incluso con todas esas grietas sigue siendo una conquista extraordinaria.

Hoy millones de colombianos depositarán un papel en una urna. Parece un gesto simple. Pero no lo es. Detrás de ese papelito hay más de dos siglos de historia, de guerras civiles, magnicidios, guerrillas, narcotráfico, paramilitares, terrorismo y, sobre todo, generaciones enteras que lucharon para que las diferencias políticas pudieran resolverse con votos y no con balas.

A veces se nos olvida lo que nos ha costado llegar hasta aquí. Colombia es mucho mejor que la polarización que nos han vendido. Y hoy es un buen día para demostrarlo.

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