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SOS por los exportadores

hace 12 horas
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  • SOS por los exportadores

Por Luis Diego Monsalve - @ldmonsalve

Durante años hemos repetido que Colombia necesita exportar más. Diversificar su economía, depender menos del petróleo y el carbón y conquistar nuevos mercados para la agroindustria, las manufacturas y los servicios. Ese ha sido, con razón, uno de los grandes consensos sobre el desarrollo del país.

Sin embargo, mientras insistimos en ese objetivo, algunos de los sectores que ya lo están logrando enfrentan hoy una de las tormentas perfectas más difíciles de los últimos años. La revaluación del peso, el fuerte incremento de los costos laborales, el encarecimiento de insumos importados y unos mercados internacionales donde los precios difícilmente pueden ajustarse están poniendo en serias dificultades a buena parte del aparato exportador colombiano.

Un dólar barato suele verse como una buena noticia. Reduce el costo de las importaciones y beneficia a quienes viajan o compran bienes del exterior. Pero para quienes producen en Colombia y venden al mundo ocurre exactamente lo contrario.

Durante el último año el peso colombiano ha sido una de las monedas que más se ha fortalecido en el mundo. Cada dólar exportado se convierte hoy en muchos menos pesos para pagar salarios, energía, transporte, impuestos e inversiones.

Y esos costos, lejos de disminuir, aumentaron de manera significativa. El incremento extraordinario del salario mínimo decretado para este año golpeó especialmente a sectores intensivos en mano de obra, como las flores, el banano, el café y buena parte de la industria. A ello se suma el aumento reciente en los costos de fertilizantes, energía y transporte derivado, entre otros factores, de la crisis en Medio Oriente y las tensiones sobre las principales rutas marítimas del mundo.

El problema es que un exportador no puede simplemente trasladar esos mayores costos al comprador. Muchos de nuestros productos agrícolas compiten en mercados internacionales donde los precios se fijan en bolsas o mediante contratos negociados con meses de anticipación. Si los costos aumentan en Colombia, el comprador europeo o estadounidense difícilmente aceptará pagar más. Simplemente buscará otro proveedor.

No creo que la solución sea intervenir artificialmente la tasa de cambio. El precio del dólar debe responder al mercado. Pero también es cierto que parte de la reciente fortaleza del peso obedece a factores internos. Varios analistas han señalado que las elevadas tasas de interés, necesarias en buena medida para financiar un déficit fiscal creciente y mantener atractivo el mercado de deuda pública, han estimulado la llegada de capitales de corto plazo que presionan aún más la revaluación. Corregir esos desequilibrios también debe hacer parte de la solución.

Mientras tanto, el nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella debería actuar con rapidez para evitar que una coyuntura extraordinaria destruya capacidades productivas construidas durante décadas. Ampliar y facilitar las líneas de crédito para capital de trabajo, fortalecer los mecanismos de cobertura cambiaria, acelerar las devoluciones de impuestos a los exportadores, revisar temporalmente algunos aranceles sobre insumos estratégicos y, sobre todo, reducir los costos logísticos y regulatorios serían medidas mucho más eficaces que intentar manipular el mercado cambiario.

No se trata de subsidiar empresas ineficientes. Se trata de proteger un activo estratégico para el país. Cada hectárea de flores, cada caja de banano, cada saco de café y cada nueva empresa que logra vender sus productos en el exterior representan empleo formal, desarrollo regional y generación de divisas.

Si de verdad queremos que Colombia exporte más, este es el momento de demostrarlo. Porque perder mercados internacionales toma meses. Recuperarlos puede tomar décadas.

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