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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

De la Espriella: ¿un presidente de ruptura o un mandatario de construcción?

hace 6 horas
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  • De la Espriella: ¿un presidente de ruptura o un mandatario de construcción?
  • De la Espriella: ¿un presidente de ruptura o un mandatario de construcción?

Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

El gobierno de Abelardo de la Espriella enfrenta desde el amanecer una prueba más difícil que ganar las elecciones: demostrar que detrás de la indignación subyace un proyecto de país y no meramente una lista ajena de asignaturas rajadas. Quien llega, tiene ahora la oportunidad de evidenciar que su victoria electoral no fue solo el triunfo de la “manada” sino el nacimiento de una administración capaz. Bien sabemos que en campaña se habla con emociones, pero en el poder se dirige con decisiones. Esa es la diferencia entre un candidato exitoso y un presidente de veras.

Es palmario que, si un gobernante dedica demasiado tiempo a descabalgar al anterior, termina convirtiendo al adversario en protagonista de su propio mandato. Ya se derrotó a Cepeda, ahora hay que atender los problemas de Colombia. En un santiamén, la tensión política lleva a brincar de la oposición al gobierno. Por eso se asegura que el verdadero cambio no consiste en variar de dueño del poder sino en modificar la forma de ejercerlo. La campaña termina el día de la posesión y, por eso, solo vale reivindicar la esperanza.

La gente votó —en la primera y segunda vueltas— contra algo, pero espera resultados sobre el “otro algo”, máxime que de la Espriella heredó un país golpeado. Para nadie es un secreto, que todos los mandatarios heredan contratiempos, pero el electorado espera convertirlos en salidas inteligentes. Por ello la gran pregunta hoy es: ¿Viviremos un gobierno que busca desmontar al anterior? ¿O percibiremos un gobierno que construya un nuevo capítulo? Y está muy claro que los dirigentes no fracasan solamente por sus enemigos; muchas veces se desploman por los equipos que escogen.

Uno de los problemas gigantes que enfrentará “El Tigre” es el de la economía, que no es otra cosa que ese juez silencioso que no vota pero que termina inmolando presidentes. Como respaldo para el nuevo gobernante, se llega con una sociedad extenuada que castigó a Gustavo Petro y que quiere tener paciencia para esperar un recambio. Ya Abelardo se someterá al juicio de la historia. Gran responsabilidad porque muchos colombianos votaron por un nombre, pero sobre todo contra una mole de abandono, inseguridad, corrupción, desgobierno y mentiras.

Si en el fútbol es más fácil hacer un gol que jugar bien, en política ganar una elección es mucho más básico que gobernar un país. Peor aún, cuando se recibe una nación con llagas profundas, deterioro y desconfianza. Y la gente espera un cuatrienio sin arrogancia y un gabinete que reciba aplausos por su sabiduría y aciertos. Que ocurra el milagro de recuperar el orden.

La lucha contra la corrupción será la prueba moral más importante. Y convertir el sueño en resultados, el reto. Que haya grandeza y mirada puesta en el interés general; que sobre humildad para escuchar y visión para unir a las gentes. Que queden atrás el avión privado, los vehículos de alta gama, Miami y Europa, los vestuarios italianos y la “dolce vita”. Que se gobierne desde lo íntimo de la gente y bajo la ilusión de los que no han tenido oportunidades. Que la serenidad del estadista se transforme en la construcción de un mejor país.

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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

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