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Presidente De La Espriella, que le vaya bien

Desearle éxito no es firmarle un cheque en blanco. Es exigirle que gobierne para 13 millones que votaron por él y para los casi 13 millones que no.

hace 3 horas
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  • Presidente De La Espriella, que le vaya bien

Por Diego Santos - @diegoasantos

Estamos a apenas unas semanas de que comience el gobierno de Abelardo De La Espriella, y voy a escribir algo que en la Colombia de hoy suena casi a provocación: como ciudadano, quiero que le vaya bien.

Ya sé. Decirlo tiene costo. Aquí hace carrera la premisa de que o estás conmigo o eres mi enemigo. Si le deseas éxito al presidente electo, eres tibio, vendido o cómplice. Si le deseas fracaso, eres patriota de tu tribu. No hay tercera casilla. Y sospecho que el formulario lo diseñamos entre todos.

No es un fenómeno netamente local. El mundo entero se acomodó en la trinchera. Pero una democracia saludable es aquella que se permite discrepar sin exterminarse. Estados Unidos, hasta no hace mucho, era eso: una sociedad vibrante, con problemas serios de racismo y antagonismos feroces, sí, pero con una grandeza común y unos pesos y contrapesos que frenaban cualquier tentación autoritaria. Esa arquitectura hoy cruje. Y si cruje allá, con 250 años de práctica, imaginemos lo que puede pasar aquí, donde apenas estamos ensayando.

Porque Colombia, pareciera, no ha tenido una época duradera de grandeza. Ha tenido momentos: contados con los dedos de las manos y borrados casi de inmediato. El proceso de paz fue uno de ellos. Por una vez el mundo nos miró por algo distinto a la tragedia. De esa grandeza queda poco, empañada por un plebiscito innecesario que convirtió un acuerdo de Estado en un pulso de barras bravas. Ganó el No, perdió el nosotros. Y de ahí en adelante, todo ha sido revancha a diestra y siniestra.

Ahora, la concesión incómoda: desearle éxito a De La Espriella no me exime de nada. El país eligió por 250.000 votos, en el margen más estrecho que recordemos, a un presidente que llega prometiendo mano durísima y sin bancada propia fuerte. Desearle éxito no es firmarle un cheque en blanco; es exactamente lo contrario. Es exigirle que gobierne para los 13 millones que votaron por él y para los casi 13 millones que no. Que le vaya bien significa que le vaya bien a Colombia, no a su tribu. Si confunde las dos cosas, este columnista estará en la otra orilla, y sin pedir permiso.

Ahí está la diferencia que se nos olvidó: se puede desear el éxito de un gobierno y vigilarlo al mismo tiempo. Es más: solo se puede vigilar en serio a un gobierno cuyo éxito uno desea. El que apuesta al incendio no fiscaliza; atiza.

No sé qué nos deparan estos cuatro años. No sé si el presidente electo entiende que ganar por un cuerpo obliga a gobernar con humildad, o si leerá su triunfo como una escritura pública de todo el país. Solo sé lo que deseo: que Colombia emerja más fuerte. Que discrepemos mucho y nos destruyamos poco.

Y si por decir eso me toca casilla de enemigo, que me la asignen. No será la primera vez que alguien me ubica sin preguntarme.

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