Pico y Placa Medellín
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Ingeniero, emprendedor e inversionista en tecnología, con más de quince años de experiencia en San Francisco, donde descubrió bitcoin y compró sus primeros BTC en 2013. Ha levantado más de USD 100 M para startups y aplica first principles thinking para identificar apuestas asimétricas en compañías como Tesla, Robinhood, Palantir y Solana. Es cofundador y anfitrión de 10AMPRO. Piensa que Medellín puede multiplicar su economía y talento, convirtiéndose en un hub global de innovación estratégica y sostenible.
El capital público tiene usos bastante más urgentes: movilidad, infraestructura, menores impuestos y, especialmente, energía.
Por Hernán Jaramillo - @holdmybirra | @10ampro
Medellín tiene a EPM en el preciso momento histórico en que producir electrones puede valer más que producir casi cualquier otra cosa. Y pareciera que todavía no nos hemos dado cuenta.
Mientras el mundo entra en una carrera brutal por energía para alimentar centros de datos, inteligencia artificial, fábricas, robots y chips, nosotros seguimos discutiendo en qué gastarnos las transferencias.
Piscinas. Estadios. Obras que se pueden inaugurar con cinta y fotografía. El problema no es que Medellín tenga un buen estadio. Ojalá tenga el m+ejor. El problema es el orden. Un gigavatio adicional de energía puede soportar cerca de US$60.000 millones de actividad económica. Y Medellín tiene algo que pocas ciudades latinoamericanas pueden mostrar: una empresa como EPM, conocimiento energético acumulado durante décadas y una geografía que históricamente convirtió el agua en electricidad y la electricidad en desarrollo.
Teníamos la reina para jugar este partido. Por eso la conversación debería ser otra: ¿dónde está el próximo Hidroituango? ¿Cómo agregamos generación? ¿Cómo conseguimos energía abundante y barata para atraer centros de datos, industria y capital?
Pero nuestra imaginación política suele funcionar al revés. Primero decidimos qué queremos repartir. Después miramos de dónde sale la plata. Y cuando falta, aparece el cobro. Ahora El Niño podría agregar hasta $57.200 mensuales al recibo de energía de algunos hogares. Seguramente será presentado como una coyuntura excepcional. El problema es que en Colombia tenemos cierta experiencia con las cosas excepcionales.
El 2x1.000 era temporal y terminó convertido en 4x1.000. La tasa de seguridad también apareció con fecha de vencimiento. Acá no hay nada más permanente que un cobro temporal. Por eso el debate sobre el nuevo Atanasio no debería reducirse a si tendrá una cubierta iluminada como el Allianz Arena. La pregunta interesante es otra: ¿por qué lo tiene que financiar el Estado?
Si Medellín puede sostener económicamente un estadio de talla mundial, debería existir un privado dispuesto a construirlo, operarlo y asumir el riesgo. El capital público tiene usos bastante más urgentes: movilidad, infraestructura, menores impuestos y, especialmente, energía.
Cada peso tiene costo de oportunidad. Un peso que EPM transfiere para financiar gasto es un peso que no queda disponible para ampliar la máquina que produce riqueza. Y ahí está el error. Nos estamos comiendo la semilla.
Primero generemos más electrones. Atraigamos empresas. Hagamos crecer la economía. Construyamos la infraestructura que nos permita competir en la década de la inteligencia artificial. Después hacemos las piscinas y estadios que queramos. Incluso la tanguita y la asoleada. Pero no vendamos la vaca para comprar la leche.
Ingeniero, emprendedor e inversionista en tecnología, con más de quince años de experiencia en San Francisco, donde descubrió bitcoin y compró sus primeros BTC en 2013. Ha levantado más de USD 100 M para startups y aplica first principles thinking para identificar apuestas asimétricas en compañías como Tesla, Robinhood, Palantir y Solana. Es cofundador y anfitrión de 10AMPRO. Piensa que Medellín puede multiplicar su economía y talento, convirtiéndose en un hub global de innovación estratégica y sostenible.