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Sin educación política no hay democracia

La falta de educación, especialmente política, hace que una parte de la población participe en los procesos electorales, respondiendo a meras reacciones emocionales.

hace 13 horas
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  • Sin educación política no hay democracia

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

La democracia se concibe como el sistema óptimo para garantizar la participación de los ciudadanos en las decisiones de poder. La necesidad de cumplir este postulado hizo que a través de la historia se enfrentaran dos conceptos: Por una parte, la necesidad de garantizar la participación universal; por la otra, la exigencia de que los votantes tengan el grado suficiente de cultura política para participar con conocimiento y debida razón en la toma de decisiones propias al poder.

Por lo anterior, históricamente hubo cierta resistencia a la universalidad total, por considerar que en realidad no todos los individuos estaban debidamente preparados para asumir con responsabilidad la toma de decisiones de poder. Por esta razón, los antiguos reservaron el voto para los ciudadanos, considerados como la parte ilustrada de la población. La teoría política y constitucional modernas también trazaron líneas para identificar quiénes son los aptos para votar. En la cronología de la historia, inicialmente el voto se reservó para los ciudadanos, pero no para todos, sino para algunos. Los que tuviesen un mayor patrimonio, lo que hubiesen contraído matrimonio, los que tuvieran cierto grado de educación e incluso, en ciertos momentos históricos, el voto se reservó para los hombres.

El desarrollo del concepto de democracia y su extensión al universo de los ciudadanos, hizo que los ordenamientos constitucionales propendieran por su universalidad. La Constitución Política de Colombia, dentro de esta conceptualización, dispone que el voto es un derecho y un deber que corresponde a todos los ciudadanos. Sin embargo, en una sociedad desarticulada, heterogénea y con dinámicas cuestionables, como la nuestra, la universalización del voto corre el peligro de convertir el sistema en una simple caja de resonancia numérica y emocional.

La falta de educación, especialmente política, hace que una parte de la población participe en los procesos electorales, respondiendo a meras reacciones emocionales, sin entrar en una evaluación racional sobre la naturaleza y consecuencias de la actividad electoral. Votar es algo más que depositar una papeleta en una urna dentro de un cubículo. Es mucho más. Es tener un conocimiento mínimo sobre los alcances internos y externos del sufragio, sobre las consecuencias futuras para la sociedad y sus diferentes actores. En síntesis, es comprometer el presente y futuro de una sociedad. Es algo más que identificarse emocionalmente con un individuo o partido.

Para que la democracia funcione, es necesario que la clase dirigente, los gremios, la iglesia, la academia, los medios y los demás agentes de poder, de manera permanente adelanten una intensa actividad pedagógica, sobre los alcances que, en derechos y obligaciones, tiene la participación de los ciudadanos en un proceso electoral.

Sin estos y otros conocimientos mínimos, la democracia se convierte en un juego numérico emocional, como viene sucediendo en casi todos los países latinoamericanos. Sólo a través del conocimiento, el ciudadano podrá votar con un planteamiento racional y no en contra de alguien o algo. Cuando así suceda, podemos hablar de verdadera democracia.

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