Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Confío en que Abelardo y José Manuel entiendan la enorme oportunidad que tiene Colombia de recuperar una voz respetada en el escenario internacional.
Por Luis Diego Monsalve - @ldmonsalve
Durante mucho tiempo en Colombia hemos visto la política exterior como un asunto lejano. Algo reservado para cancilleres, embajadores y cumbres internacionales, con poca relación con la vida cotidiana de los ciudadanos. Es exactamente al revés: La política exterior también es política económica, social y de seguridad. Solo que se construye más allá de nuestras fronteras.
De la manera como Colombia se relacione con el mundo dependerán buena parte del crecimiento económico, la inversión, el empleo, la seguridad, el turismo, la innovación y las oportunidades para millones de colombianos. Por eso uno de los mayores desafíos del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo será devolverle a la política exterior un principio básico: servir al interés nacional.
Durante décadas Colombia construyó una reputación de país serio, confiable y respetuoso de las reglas. Esa confianza abrió mercados, atrajo inversión, fortaleció alianzas y amplió oportunidades para nuestras empresas. Recuperar ese activo será una de las primeras tareas del nuevo gobierno.
La política exterior debe dejar de medirse por discursos y comenzar a medirse por resultados. Cada embajada debería convertirse en una plataforma para atraer inversión, abrir mercados, promover el turismo, impulsar la cooperación científica y acompañar a las empresas colombianas en su proceso de internacionalización.
Los colombianos no necesitan una política exterior ideológica. Necesitan una política exterior que genere empleo. Ese nuevo enfoque exige también una lectura inteligente del mundo.
Estados Unidos seguirá siendo nuestro principal aliado estratégico. Compartimos una larga historia de cooperación en democracia, comercio, inversión y seguridad. En ese contexto, iniciativas como el Escudo de las Américas pueden fortalecer la cooperación regional frente al narcotráfico, las organizaciones criminales y los grupos armados ilegales que se fortalecieron durante el gobierno que termina.
Europa deberá seguir ocupando un lugar prioritario en nuestra política exterior. Más allá de los profundos vínculos históricos y culturales, la Unión Europea continúa siendo un socio estratégico en comercio, inversión, cooperación, educación, innovación y sostenibilidad. Fortalecer esa relación no solo ampliará nuestras oportunidades económicas, sino que contribuirá a consolidar una agenda compartida de desarrollo e institucionalidad.
Al mismo tiempo, sería un error darle la espalda a China. Como segunda economía del mundo y principal socio comercial de buena parte de América Latina, representa enormes oportunidades para nuestras exportaciones, la inversión y la infraestructura. La verdadera discusión debería ser cómo construir una relación pragmática con las demás potencias que favorezca los intereses de Colombia. Esa misma visión debe extenderse hacia India y el conjunto del Indo-Pacífico, donde estará buena parte del crecimiento mundial durante las próximas décadas.
También será importante reconstruir relaciones estratégicas deterioradas. Restablecer plenamente los vínculos con Israel no significa renunciar a expresar desacuerdos frente a decisiones específicas de su gobierno. Significa entender que los países pueden mantener diferencias sin romper relaciones con un aliado histórico en innovación, agricultura, tecnología, inteligencia y cooperación en seguridad.
Ese es precisamente el espíritu que debería guiar la política exterior del nuevo gobierno: pragmatismo, profesionalismo y defensa del interés nacional. Confío en que Abelardo y José Manuel entiendan la enorme oportunidad que tiene Colombia de recuperar una voz respetada en el escenario internacional. Pero, sobre todo, de convertir la política exterior en una verdadera herramienta de desarrollo.
Porque al final, el éxito de nuestra política exterior no se medirá por el número de reuniones con otros mandatarios. Se medirá por su capacidad para generar más empleo, más inversión, más seguridad y un mayor bienestar para los colombianos.