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Los ejes de mi carreta

No será fácil en un solo cuatrienio recuperar el país del estado de postración en que lo deja el actual mandato presidencial.

hace 2 horas
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  • Los ejes de mi carreta

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Desafíos muy puntuales los que deberá asumir el Tigre desde los primeros días de su posesión. Ya trazó algunos ejes básicos para recomponer y poner a funcionar un país que, como a carreta vieja, trató y maltrató el gobierno que termina.

Es mucho lo que hay que reconstruir. Petro hizo más daño que un mico en un pesebre. No será fácil en un solo cuatrienio recuperar el país del estado de postración en que lo deja el actual mandato presidencial. Se medirá no solo la capacidad de acción del nuevo Gobierno sino la resistencia de una comunidad maltratada y zarandeada en materia de seguridad y de improbidad en el manejo de los dineros públicos.

Entre los ejes más esenciales anunciados por el Tigre en la marcha de su administración, está el de realizar una auditoría severa, un empalme anticorrupción “que nos permita hacer un riguroso corte de cuentas y determinar la verdadera magnitud del deterioro fiscal, administrativo e institucional que heredamos”. Saqueo que en buena parte se desprende tanto de la precaria situación de la deuda externa –la que representa el 61% del PIB– como del déficit fiscal que según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf) llegará al 7.4% del Producto Interno Bruto al finalizar el año. Tal estrago obligaría a hacer un recorte de 80 billones de pesos, suma equivalente a ocho reformas tributarias. ¿Qué sociedad, por rica que sea, aguantaría tamaña paliza?

Hacer esa auditoría sobre lo que se gastó y malgastó, en dónde, cómo y con quiénes, es una imperiosa e inaplazable necesidad, para saber no solo la forma como se hará el ajuste y la capacidad de la comunidad para soportarlo, sino para clarificar si hubo trampas y mala fe en el uso de los dineros del Estado. La opinión pública debe conocer las responsabilidades de quienes actuaron como validos en el despilfarro que dejo vacía la olla del festín en que se convirtieron los recursos oficiales. Hay que averiguar con rigurosa y seria investigación, por qué el patrimonio público, que es sagrado, fue feriado a través de jugosos contratos, canonjías, subsidios inútiles y burocracia a la manera como se manejan dineros en un casino.

El país sabe que extirpar la contemporización y el compadrazgo con la corrupción no es una empresa fácil de realizar en un sector oficial enseñado a la rapacidad y al latrocinio. Colombia camina por el filo de la navaja y comprende que con cualquier desliz contra lo solemnemente jurado, con promesas de alto contenido ético que se incumplan, puede acercarla en cuatro años a la misma situación de incertidumbre y peligro por la cual acaba de transitar. La contingencia pudo por ahora haber pasado, así la estrategia de la oposición sea hacer “la república invivible” como ocurrió en los años 50 del siglo pasado.

Los retos son grandes, pero hay voluntad manifiesta para enfrentarlos. De lo contrario, si se falla, una Segunda Oportunidad podría quedarse tan solo en la novela de Virgil Gheorghiu.

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