Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Calentura (palabra usada en ladino para determinar temperaturas en un enfermo) a la que llegan los que se calientan por cualquier cosa y arman un alboroto, los que se enfrían con las especulaciones a las que llegan analistas rabiosos que todo lo quieren ver destruido, los que crean malos ambientes laborales y consideran que dar trabajo es caridad, los que ejercen la soberbia desmedida para delirar que son como dioses (abundan entre los gobernantes), los que no paran de codiciar y hacen lo que sea por unos dólares más (como en la película), los que consideran que los recursos naturales pueden ser tomados de donde sea y legitiman invasiones con mentiras y propaganda, los que no duermen y en el insomnio imaginan que solo a ellos los atacan, los que no paran de usar la IA para saber quiénes son y qué papel grandioso cumplen en este mundo, los que no admiten errores y consideran que cualquier crítica vulnera sus derechos, los que maquinan mientras las misma maquinaria se los traga, los que de tanto inflarse se salen de la realidad y por eso les hacen memes y caricaturas, los que buscan extraterrestres para que los salven etc. En fin, la fila es grande y la temperatura mucha.
Nos diferenciamos de los animales en que estos reconocen sus límites y nosotros no. Y en este querer superar lo que somos, la fiebre ha cumplido con su tarea de desbordarnos: fiebre de conocimiento (más bien, datos) para demostrar superioridad, de reconocimiento con premios y halagos para ser famosos y salir en las fotos, de riqueza para acumular de manera desmedida (ciudadanos Kane), de apropiación desmedida de recursos para descontrolar la economía, de armas para ejercer el poder y determinar quién vive y quien no, de supuesta belleza para evadir el paso del tiempo, etc. Y en estas fiebres que nos ponen a delirar, en las que ya no somos de animales a dioses sino de dioses a animales (parodiando a Harari), el desorden campea y ya la noción de futuro es un no se sabe.
Fiebres imperiales, de espacios, oro, petróleo y gases, de saberlo todo para establecer vigilancias, de llegar a otros planetas (codicia vana) y romper límites de velocidad en cada operación, son pan diario en las informaciones. Y en estas fiebres, aumentadas por lo que cruza los aires y contamina la tierra y las aguas, el fuego ya no es un elemento transformador sino un susto. Y en estas estamos, buscando la dirección, que en asunto de calenturas ha sido circular.
Acotación: como los dioses griegos, cada uno con su propia fiebre (el más caliente fue Zeus), queremos el firmamento, los mares y las profundidades de la tierra, pues ya la vida normal no nos basta. Nos ha desmesurado el deseo y, como dice Jacques Lacan, este nos secciona y enferma dañando lo único real.