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Por Daniel Restrepo - opinion@elcolombiano.com.co

El precio de parecer invencible

Todavía persiste la idea de que un líder debe proyectar certeza absoluta. Y esa expectativa tiene un costo.

hace 5 horas
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  • El precio de parecer invencible

Por Daniel Restrepo - opinion@elcolombiano.com.co

Vivimos en una época en la que nunca había sido tan difícil ser CEO. No porque haya menos oportunidades, todo lo contrario. Nunca antes los líderes habían tenido acceso a tanta información, tecnología y herramientas para hacer crecer sus organizaciones. La inteligencia artificial promete revolucionar industrias, los datos permiten tomar decisiones en tiempo real y los mercados cambian a una velocidad inédita.

Sin embargo, persiste una competencia escasa que ninguna tecnología puede reemplazar: la capacidad del ser humano. Construimos la imagen del líder que siempre tiene la respuesta correcta; del fundador que transmite seguridad absoluta frente a inversionistas, colaboradores y clientes, incluso cuando por dentro siente lo contrario. Aprendimos a admirar al CEO que nunca duda, que nunca se equivoca y que nunca pierde el control.

¿Pero qué pasa cuando un líder siente que no puede decir “no sé“, “me equivoqué“ o “necesito ayuda”? El problema no es únicamente suyo; termina siendo de toda la organización. La verdadera vulnerabilidad consiste en reconocer los límites, admitir un error o pedir auxilio antes de que el agotamiento se convierta en crisis. Si el CEO no admite una duda, nadie más se atreverá a hacerlo. Si el director insiste en parecer infalible, la organización terminará escondiendo los errores en lugar de aprender de ellos. Cuando los errores dejan de discutirse, las empresas dejan de aprender.

Satya Nadella entendió esto al asumir la dirección de Microsoft. Cambió una cultura basada en demostrar quién sabía más por otra enfocada en aprender constantemente. Esa transformación —impulsada por mayor empatía y disposición a escuchar— terminó siendo motor del crecimiento de una de las compañías más valiosas del mundo.

En Colombia, esta conversación apenas comienza. Nuestro ecosistema emprendedor ha demostrado una enorme capacidad para crear empresas de alto impacto, pero detrás de ese crecimiento acelerado existe un murmullo silencioso. Cada vez son más los fundadores que, en privado, hablan de ansiedad, agotamiento e insomnio, bajo la presión de transmitir confianza permanente.

Todavía persiste la idea de que un líder debe proyectar certeza absoluta. Y esa expectativa tiene un costo. Ninguna herramienta reemplazará la confianza que genera un líder capaz de decir: “No tengo todas las respuestas, pero estoy dispuesto a encontrarlas con mi equipo”. Ese liderazgo no disminuye la autoridad; la fortalece. Porque las empresas no se construyen solo sobre estrategia o capital, se construyen sobre relaciones de confianza. Y esa confianza comienza el día en que un CEO entiende que mostrarse humano no es una amenaza: es su mayor fortaleza.

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