Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

El insulto del tiempo

Cómo construir una sociedad donde los años no resten valor sino que den profundidad, donde la experiencia no sea vista como una reliquia, sino como una forma de conocimiento.

hace 3 horas
bookmark
  • El insulto del tiempo

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

A sus 75 años, la ensayista italiana Lidia Ravera es una de esas personas que han sabido llegar a la vejez sin pedir disculpas por existir. De esas que no sienten vergüenza de los años acumulados, sino orgullo de haber atravesado pérdidas, crisis e incertidumbres y aun así seguir aquí. Uno de aquellos seres para los que vivir mucho no es simplemente sumar calendarios; es haber tenido el valor de continuar cuando la vida no mostraba su lado más amable.

Vivimos en una época que rinde culto a la velocidad, a la novedad y a la apariencia. Todo parece diseñado para convencernos de que el valor de una persona disminuye a medida que aumentan sus años. Las arrugas se corrigen, las canas se esconden y la experiencia, paradójicamente, pierde espacio frente a la inmediatez. En ese contexto, envejecer se convierte en un acto de resistencia.

Pero la vejez también es otra cosa. Es la suma de las derrotas que no nos destruyeron, de los amores que dejaron huella, de los errores que enseñaron más que los aciertos. Es la memoria convertida en piel. Cada línea en el rostro cuenta una historia que no puede comprarse ni aprenderse en un tutorial de internet.

Nuestra sociedad pronuncia cada vez menos esa palabra: vejez. La reemplazamos por eufemismos, la maquillamos con expresiones que intentan suavizar lo inevitable. Hablamos de “adultos mayores”, de “edad dorada”, de “nuevas juventudes”, como si nombrarla fuera una falta de cortesía o una derrota. Sin embargo, tal vez el verdadero problema no sea la palabra, sino el miedo que hemos depositado en ella.

Por eso es interesante el libro que acaba de publicar Ravera, Palabras Mayores, un manifiesto a favor de la vejez que da continuidad a su incesante combate contra lo que ella llama “el insulto del tiempo”, esa forma de ver los años vividos como una carga o una maldición. Lidia cuenta que desde su infancia le tuvo pánico a la vejez, hasta que decidió transformar esa patología en poética y se dedicó a escribir sobre el tema.

Así llegó a la conclusión de que la calidad de la vejez se la tiene que ganar cada uno con autocuidado, disciplina y un poco de suerte. “Si uno se ejercita para ser dueño de su cuerpo y de su mente verá que cada día es una oportunidad que trae más horas maravillosas para estudiar, correr, escribir, leer, trabajar, ver amigos y charlar”. Los años no son una carga, al contrario, nos dan el privilegio de ser más conscientes, más autónomos y más libres.

Por eso, en lugar de preguntarnos cómo evitar la vejez, podríamos pensar cómo llegar a ella con dignidad. Cómo construir una sociedad donde los años no resten valor sino que den profundidad, donde la experiencia no sea vista como una reliquia, sino como una forma de conocimiento.

Porque envejecer no es fracasar frente al tiempo. Fracasar sería no llegar. Y en esta cultura obsesionada con lo nuevo, quizá el gesto más revolucionario sea mirar una vida larga y decir, sin nostalgia y sin vergüenza: aquí estoy, sigo viviendo, y eso merece ser celebrado.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD