Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
El mundo camina firme y decidido hacia regímenes autocráticos. Hacia el abismo.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Estados Unidos ya no es una democracia liberal. La frase, contundente, la escribe a forma de conclusión el Instituto V-Dem de Suecia en su reporte sobre la democracia de 2026 en el que, además, pone cifras a la profunda crisis del sistema político del que, por décadas, Occidente se sintió orgulloso. El mundo camina firme y decidido hacia regímenes autocráticos. Hacia el abismo.
El informe viene a ratificar lo que vemos día a día con asombro y terror. El Washington del segundo periodo de Donald Trump concentra cada vez más poderes en la presidencia y el sistema de pesos y contrapesos flaquea ante un hombre que gobierna a través de órdenes ejecutivas. El destino de Estados Unidos —y por ende del mundo— se mueve entre los caprichos y la improvisación de un personaje que tiene a la mentira y a la contradicción como estrategia y que se siente cómodo en una geopolítica cuyas fronteras se delinean desde su moral. ¿Hay algún limite para la actuación de EE. UU. en el extranjero?, le preguntó The New York Times después del bombardeo a Caracas y el golpe a Maduro. “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”, respondió. “No necesito el derecho internacional”.
El fin de la era de las reglas, como la nombró el primer ministro canadiense Mark Carney en Davos, Suiza, es, en escencia, el resultado de una crisis interna en la nación que pretendió ser el faro de la democracia y el multilateralismo. Cuando el timonel del país que se anunció como garante del orden mundial descree de las instituciones, tanto nacionales como internacionales, y las ataca al interpretarlas como estorbos en su objetivo de concentración de autoridad, el golpe que recibe la arquitectura global es mortal. Trump, más parecido a líderes dictatoriales que a demócratas, más cerca de Moscú que de Bruselas, tomó rápidamente la forma de aquellos gobernantes que entienden su tiempo en el ejecutivo como la oportunidad para eliminar a sus adversarios y, con ellos, a las limitaciones del poder presidencial. Insulta por igual a demócratas y a republicanos rebeldes, a universidades y a empresarios, a organismos internacionales y a movimientos sociales, a jueces y a periodistas. “¡Cállate, cállate cerdita!”, le dijo a una periodista que le preguntó por la lista Epstein.
Según el informe del reconocido instituto sueco, el 41 por ciento de la población mundial vive en países en los cuales la democracia retrocede. De todos ellos, el caso de Washington aparece como el más representativo y el más angustiante. El estandarte de la libertad, que por tantos años sostuvo su discurso —al menos desde lo simbólico—, ya no es lo que era.
Desde el norte se nos ofrece, nítido, un espejo del futuro en el que vemos el reflejo del terror. La paradoja es que a otros ese mismo modelo los entusiasma. Quieren hacer en sus propias naciones los experimentos del mundo MAGA.
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.