Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

¿Se fortalece el eje Pekín–Moscú?

En un mundo cada vez más multipolar, Pekín busca maximizar su influencia sin quedar atrapado en bloques rígidos.

hace 2 horas
bookmark
  • ¿Se fortalece el eje Pekín–Moscú?

Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

Beijing se enfrenta a una tensión geopolítica singular. A diferencia de Rusia, donde el enfoque estratégico es más abiertamente confrontacional con Occidente, China ha buscado tradicionalmente un equilibrio entre expansión de su influencia y preservación de un entorno internacional relativamente estable. El gigante asiático depende enormemente del petróleo y el gas que fluyen desde Oriente Medio: antes del conflicto, Irán era uno de los principales proveedores de crudo a China, en gran parte por la reorientación de sus importaciones hacia fuentes sancionadas por Estados Unidos y su interés en asegurarse energía barata y confiable.

El impacto directo del conflicto en Irán representa una doble vulnerabilidad para Pekín. Por un lado, afecta directamente a su seguridad energética y por otro, obliga a recalibrar una política exterior que hasta ahora oscilaba entre la cooperación económica con Teherán y la rivalidad estratégica con Washington.

Esto ha llevado a China a pedir públicamente el cese del conflicto sin abandonar sus relaciones con Moscú ni comprometer su importancia en foros internacionales como el Consejo de Seguridad.

La relación sino-rusa ha crecido en la última década, particularmente tras la invasión de Ucrania en 2022, cuando ambos países vieron una oportunidad de capitalizar su asociación estratégica frente a Estados Unidos y sus aliados. Hoy, Rusia sigue dependiendo de la venta de energía y armamento tanto a China como a otros mercados, y busca beneficios económicos directos de la actual crisis energética.

Pero la alianza no es simétrica ni exenta de tensiones. Rusia, si bien condena las acciones de Washington e Israel contra Irán, ha evitado un involucramiento militar directo que complique aún más su relación con Occidente y su foco actual en Ucrania. China ha optado por condenar la fuerza y defender la soberanía estatal sin tomar medidas más agresivas que la retórica. A principios de 2026, las importaciones de Rusia e Irán, sumadas a la interrupción del suministro de Venezuela, representaban más de un tercio de las importaciones totales de petróleo de China.

No es algo seguro que el conflicto en Irán lleve a Pekín a alinearse más estrechamente con Moscú en todos los ámbitos estratégicos. La administración china entiende que su seguridad nacional depende de relaciones comerciales estables con Europa, Asia y, paradójicamente, con los mismos Estados Unidos con los que disputa tecnología, comercio y poderío militar.

El conflicto ha puesto de manifiesto la fragilidad de sistemas energéticos altamente interdependientes. China no sólo teme el impacto económico de una crisis prolongada en Oriente Medio, sino también el efecto político de verse compelida a alinear su política exterior con la de Rusia, aunque eso signifique tensar aún más sus relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. Beijing sigue buscando mantener un equilibrio complicado: no alienar completamente al mundo occidental, proteger sus rutas energéticas y, al mismo tiempo, fortalecer su posición en un orden global donde la competencia con Washington es el eje dominante.

En conclusión, esta guerra podría fortalecer los vínculos estructurales entre China y Rusia en lo económico y diplomático, pero es poco probable que materialice una alianza estratégica totalmente exclusiva. China, consciente de sus vulnerabilidades energéticas y de la necesidad de diversificar sus relaciones, no parece dispuesta a sacrificar su autonomía estratégica por una unión automática con Moscú.

En un mundo cada vez más multipolar, Pekín busca maximizar su influencia sin quedar atrapado en bloques rígidos, lo que incluye gestionar cuidadosamente su relación con Estados Unidos, como lo evidencian los intentos de mantener diálogos bilaterales en medio de tensiones crecientes.

Xi y Trump se estrecharán las manos a fin de mes.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD