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El yuan toca a la puerta

Pekín construye una infraestructura financiera para que el yuan deje de ser una moneda china y se convierta en internacional.

hace 1 hora
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Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

El Banco Popular de China acaba de designar a Deutsche Bank como primer banco europeo de compensación del renminbi. Desde Fráncfort, el banco alemán podrá procesar, compensar y liquidar operaciones en la moneda china. Tal decisión tiene una lectura geopolítica de primer orden. Pekín construye, pieza por pieza, una infraestructura financiera para que el yuan deje de ser una moneda china y se convierta en internacional.

¿Puede el peso comercial y financiero de China imponerlo? En buena medida, ya ocurre. Cuanto más comercia un país con China, más conveniente resulta facturar y pagar en yuanes, especialmente si recibe inversiones, préstamos o proyectos chinos. En 2024, más de 27% de exportaciones chinas de bienes y alrededor de 32% de sus servicios se liquidaron en renminbi. Pero el salto planetario está lejos: en 2025 el yuan representaba menos del 3% del comercio mundial liquidado y apenas 1,99% de las reservas internacionales.

Hay una ventaja que puede resultar atractiva: endeudarse en yuanes es relativamente barato. Las bajas tasas de interés chinas han impulsado el crédito y la emisión de deuda denominada en renminbi. Para un prestatario internacional, pedir prestado en moneda barata puede ser interesante, sobre todo si tiene ingresos o compromisos comerciales vinculados a China. Para bancos centrales y grandes inversores, mantener parte de sus activos en yuanes ofrece diversificación y reduce la dependencia de una sola moneda. Pero utilizar yuanes no es lo mismo que guardar yuanes como reserva. Una empresa puede cobrar una factura en renminbi y convertirlo inmediatamente a otra moneda. Una moneda de reserva es aquella que un banco central está dispuesto a conservar durante años porque confía en que podrá utilizarla cuando quiera, en mercados profundos y líquidos y con activos seguros donde invertirla.

Ahí aparece el principal problema chino. Para que el yuan llegue a ese nivel, China necesita mercados financieros más abiertos, líquidos y previsibles; más libertad para entrar y sacar capitales; instrumentos suficientes para cubrir riesgos cambiarios y mayor confianza internacional. Hoy Pekín mantiene controles sobre movimientos de capital y el mercado de activos en yuanes no ofrece la profundidad y liquidez del mercado estadounidense. El gigante chino no promueve una sustitución inmediata y ni siquiera gradual del dólar norteamericano. El yuan es una moneda internacional y su utilización crecerá mientras China sea potencia comercial, acreedora e inversora. Hasta dónde puede llegar sin que Pekín esté dispuesto a ceder parte del control sobre su sistema financiero.

Las tensiones con EE.UU., la fragmentación geopolítica, las restricciones de capital y las dudas sobre el crecimiento chino pueden acelerar la búsqueda de alternativas al dólar, pero también que los inversores prefieran la seguridad de mercados abiertos. El Deutsche Bank es más que una ventanilla bancaria: es otro ladrillo en la arquitectura financiera de una China que aspira a que el mundo compre sus productos, use, ahorre y se endeude en su moneda. China desearía que a escala planetaria el comercio se transe crecientemente en yuanes, que empresas y países emprendan proyectos pagaderos en yuanes y que todos terminen guardando yuanes. Para conseguir lo último tendrá que convencer al mundo de algo difícil: que puede confiar en Pekín.

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