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Tienen el deber moral de llegar sin heridas abiertas que alejan toda posibilidad de éxito para rescatar a Colombia de las manos del populismo.
Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
A medida que se acerca la primera vuelta presidencial, las fuerzas cepedistas se muestran inquietas. Las últimas encuestas así lo revelan. Además un alfil del partido de gobierno, Alexander López, pregona que deben ganar las elecciones en la primera vuelta porque “para una segunda, nos jodemos”... ¿Qué entiende él por “nos jodemos”? ¿Tiene en mente, como presupuesto riesgoso para su candidato, la unión entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella que sumados, según las encuestas, superan holgadamente a Cepeda?
El Pacto Histórico ha venido con mucha aplicación, planteando la lucha de clases como vitamina para despertar odios con los cuales se motivan los estratos populares. Esa excesiva dosis les dio mayorías en los comicios legislativos. Quieren repetirla en las elecciones presidenciales, pero condimentándola con lucha racial. Estimulan las movilizaciones de las llamadas Mingas para crear zozobra, estrategia preferida de los extremistas. Son conscientes de que sin conquistar los estratos medios y altos no tienen muchas posibilidades de hallar buen techo electoral y, en consecuencia, deben buscarlo en las rupturas sociales, así se horade la paz del país. Quieren ganar recurriendo a los medios más tortuosos para lograr sus fines.
Ese es un campanazo para el centro-derecha. Con dos candidatos no se puede dar el lujo de atizar el fuego amigo, que solo divide y aleja toda posibilidad de sumar para constituirse en alternativa real de poder en una eventual segunda vuelta presidencial. Tiene el deber de no olvidar aquella sentencia de que “la fatalidad de la política es que se calumnian a menudo aquellos que están hechos para unirse en el interés superior de la Nación”. El compromiso ya es el de alejar cualquier tipo de pugnacidades. Hacer acuerdos para aprender civilizadamente a tramitar desacuerdos, base de la democracia. Hay que alejar todo peligro de caer en las audacias y temeridades de los auspiciadores de la intransigencia que hostigan de zalemas y rabias a los candidatos y que no han sabido convivir civilizada y políticamente en las diferencias para fundamentar la interlocución en la búsqueda de consensos.
Es imprescindible sellar un acuerdo programático para que el vencedor de la primera vuelta, sea Paloma o “el Tigre”, acoja sin recelos para la segunda vuelta a quien le siga en votación. Si no se actúa así, será difícil ganar la Presidencia. Tienen el deber moral de llegar sin heridas abiertas que alejan toda posibilidad de éxito para rescatar a Colombia de las manos del populismo.
Si el país que quiere la libertad económica y la cohesión social no desea naufragar, deberá hacer sacrificios para lograr que no se rompa la comunicación entre los dos candidatos del centro-derecha. Los intereses de Nación son superiores a las intransigencias partidistas. Con el que pase a la segunda vuelta habrá más tranquilidad, porque los dudosos, aquellos que se deciden a última hora, provenientes esencialmente de las clases altas y medias al ver en el tarjetón la imagen del extremista de izquierda, definirán su voto, así tengan que tragar algunos sapitos que, en todo caso, serán menos nocivos que algún venenoso anuro mayor.