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Las alertas de El Niño 2026: lo que pasará con la energía, el agro y los precios en Colombia

El posible retorno del fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026 enciende alarmas en Colombia por su impacto en hidroeléctricas, cultivos y tarifas de energía.

  • Los próximos meses, especialmente entre abril y junio, serán decisivos para que los modelos climáticos terminen de definir la magnitud del fenómeno. FOTO: Julio César Herrera
    Los próximos meses, especialmente entre abril y junio, serán decisivos para que los modelos climáticos terminen de definir la magnitud del fenómeno. FOTO: Julio César Herrera
hace 3 horas
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Colombia apenas terminaba de cerrar las heridas del último El Niño cuando ya llegaron las nuevas advertencias. El fenómeno que azotó al país durante 12 meses en 2024, aunque un 30% menos intenso en términos oceánicos que el registrado entre 2014 y 2016, logró, paradójicamente, temperaturas del aire casi idénticas a las de ese episodio histórico.

Este evento climático alcanzó máximos que pusieron en jaque la estabilidad del sistema energético y agropecuario nacional. Ahora, los modelos climáticos globales apuntan hacia un regreso, y esta vez las señales son más inquietantes.

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) advirtió que existe una probabilidad creciente de que El Niño se desarrolle a lo largo de 2026, especialmente entre junio y agosto.

Además, su Boletín de Predicción Climática, en línea con el informe del Climate Prediction Center, establece una probabilidad del 50% de que las condiciones del fenómeno se consoliden en el trimestre julio-septiembre.

Pero es la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) la que eleva más la estimación, estima en un 83% la probabilidad de que ocurra El Niño hacia finales de 2026, y coloca en un 13% la posibilidad de que se trate de un súper El Niño, “el evento de El Niño más fuerte en 140 años”.

Infográfico
Las alertas de El Niño 2026: lo que pasará con la energía, el agro y los precios en Colombia

Por eso, el exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, llama la atención “como pocas veces, esta vez la NOAA de EE. UU. y el ECMWF de la Unión Europea coinciden en su pronóstico de una probabilidad de que se presente el fenómeno de El Niño de un 80% en el segundo semestre de este año”.

Según Acosto, lo más grave para Colombia es que, de cumplirse este pronóstico, el país no está preparado para enfrentarlo, particularmente el sector energético atraviesa por su peor crisis.

El campo, en el ojo del huracán: cultivos, ganadería y precios de alimentos

Cuando El Niño llega, el sector agropecuario siempre paga una factura alta, porque menos lluvias implican menos agua, y menos agua implica menos cosechas.

Según un análisis de Corficolombiana, los cultivos más vulnerables frente a El Niño son el fique, la yuca, la palma de aceite, la cebada y la leche, con caídas en el rendimiento del 12,6%, 7,6%, 7,3%, 6,8% y 4,9% respectivamente.

“Las sequías y el calor provocan estrés hídrico en los cultivos, reducen los rendimientos, afectan la ganadería por la escasez de agua y pastos y aumentan el riesgo de incendios, lo que se traduce en pérdidas productivas y económicas”, explica la meteoróloga Leidy Johanna Rodríguez a La República.

Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), amplía el mapa de productos expuestos a este evento climático y señala que “tanto los cultivos de ciclo corto como los permanentes pueden verse afectados. Se pueden presentar impactos en productos como el café, el arroz, la papa, el tomate, la cebolla y el plátano; y, en los permanentes, también en el aguacate, ya que todos dependen del recurso hídrico”.

Y añade que, ante un déficit de lluvias, será clave contar con tanques de almacenamiento, reservorios y aplicar todas las medidas de optimización posibles para enfrentar esta situación.

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En medio de esas proyecciones, el exministro de Agricultura Andrés Valencia explica que las cosechas que se recogen en el segundo semestre serían las más expuestas, como el café entre octubre y noviembre, el arroz entre septiembre y octubre y el maíz hacia finales del año.

Valencia agrega que la sequía también impactaría la producción de leche y dificultaría procesos como la fertilización de cultivos, lo que afectaría la productividad futura de los suelos. “Sería muy grave un fenómeno de El Niño en un escenario de inflación como el que se está teniendo para este año”.

Por su parte, Óscar Cubillos Pedraza, director de la Oficina de Estudios Económicos de Fedegán, aclara que en abril las lluvias han respondido a los promedios históricos, sin señales de alteraciones significativas. Sin embargo, advierte que en el radar ya aparece la alerta de una probabilidad del 75% de que se configure un fenómeno climático hacia finales de año. “Es prematuro anticipar decisiones o encender alarmas cuando las proyecciones hablan de un posible evento hacia octubre”.

Cubillos recuerda que, ante experiencias pasadas marcadas por mortandad de animales y pérdidas productivas, los ganaderos suelen activar protocolos preventivos como el almacenamiento de alimento y agua. Al hacer balance del más reciente fenómeno de El Niño en 2024, el directivo reconoce que “se presentaron afectaciones en animales”, por ejemplo, 16.740 animales muertos, 454.307 cabezas de ganado desplazadas y 703.729 hectáres impactadas por la sequía.

Por eso, la ganadería, explica, es el renglón del sector agropecuario con mayor presencia territorial en Colombia, lo que la convierte en la actividad más expuesta a los choques climáticos, “por eso cualquier fenómeno, sea exceso de lluvias o sequía, termina golpeándolo con más fuerza”.

Cuánto subiría la inflación de alimentos con el Niño

Los números de Corficolombiana revelan que un Niño fuerte puede elevar la inflación de alimentos, en promedio, en 3,9 puntos porcentuales.

Por su parte, el Banco de Bogotá advierte en su análisis sectorial que la probabilidad que el fenómeno generaría presiones alcistas en la inflación y bajistas en la actividad económica. Con base en estimaciones del Ministerio de Hacienda, el impacto en la inflación total de 2026 podría ser de más de 0,3 puntos porcentuales, mientras que el crecimiento económico se reduciría en 0,1 puntos porcentuales.

En términos de PIB, Corficolombiana proyecta que con la presencia del fenómeno el sector agropecuario crecería alrededor del 2%, frente al 2,5% que alcanzaría sin él, es decir, una reducción de hasta 0,5 puntos porcentuales.

El sistema eléctrico colombiano: entre embalses bajos y facturas más altas

La energía es donde el fenómeno deja la marca más visible para el ciudadano de a pie. Colombia genera alrededor del 66% de su electricidad a partir de fuentes hídricas, lo que convierte a los embalses en el corazón del sistema.

El episodio de 2024 fue una lección dolorosa. El nivel de los embalses cayó al 28,6% en abril de ese año, el punto más bajo en 25 años. La generación hidráulica, que representaba el 87% del total en 2023, se desplomó hasta el 47% en abril de 2024.

Para compensar, entró en juego la generación térmica, mucho más costosa, el precio en bolsa pasó de unos $350 por kilovatio-hora antes del fenómeno a un pico de $1.024 pesos por kWh en octubre de 2023, un incremento del 200%. La región Caribe fue la más golpeada, con un aumento del 24,8% en las tarifas residenciales, frente a un promedio nacional del 11,7%.

Afortunadamente, las lluvias de mayo de 2024 elevaron los embalses al 34,4%, alejando el fantasma del racionamiento. Hoy, como señala Julio César Vera, presidente de la fundación Xua Energy, “el país está en su mejor nivel de embalsamiento en mucho tiempo y mejor que en las fases previas al Niño anterior del 2024”. Ese colchón hídrico es la principal diferencia entre el escenario actual y el de 2023.

Vera también pone el foco en el precio de la energía. Según explica, es esperable que ante la eventual llegada de un fenómeno de El Niño, los precios en bolsa comiencen a presionarse al alza, en la medida en que el sistema entra en modo preventivo.

En ese contexto, Vera señala que las hidroeléctricas ya están en fase de ajuste, priorizando el ahorro de agua para cumplir sus compromisos futuros. Esa estrategia, aunque técnica, “tiene un efecto inmediato, reduce la oferta en bolsa y empuja los precios al alza desde etapas tempranas del ciclo climático”.

Por su parte, el exministro Acosta recuerda que el sistema eléctrico colombiano entra en una zona de fragilidad estructural en la antesala de un posible fenómeno de El Niño. Según sus cálculos, el Sistema Interconectado Nacional (SIN) ya registra un déficit del 2% en la oferta de energía en firme para 2026, que podría ampliarse a 3,5% en 2027, como consecuencia directa del retraso en proyectos clave de generación y transmisión.

A esto se suma una brecha crítica, el país necesitaría incorporar hasta 2.500 megavatios adicionales para equilibrar el sistema.

El problema se agrava por el lado de la demanda. Afirma que el consumo eléctrico crece a un ritmo de 2,62% anual, lo que deja al sistema sin margen de maniobra. En ese contexto, “un evento de El Niño, con menor hidrología y caída en los niveles de embalses, obligaría a depender con mayor intensidad del parque térmico, que actúa como respaldo de la generación hídrica”.

Pero ese salvavidas también tiene límites. Acosta subraya que el funcionamiento pleno de las plantas térmicas requeriría mayores importaciones de gas, justo cuando la capacidad de regasificación del país es insuficiente. A esto se suma un entorno internacional adverso, “la oferta y los precios del gas natural licuado están bajo presión por las tensiones en Medio Oriente, lo que complica aún más el abastecimiento”.

En ese escenario, el exministro no descarta un desenlace crítico. Advierte que el riesgo de racionamiento es “muy alto” si el fenómeno de El Niño se presenta con intensidad, dada la vulnerabilidad del sistema. Una fragilidad que se explica, en buena medida, por la alta dependencia de la generación hídrica, que representa más del 60% de la capacidad instalada del país. “Una sequía prolongada nos apaga. Así de sencillo”, resume Acosta.

De los 23 reservorios que alimentan las hidroeléctricas, solo uno, El Peñol, en Antioquia, que abastece a Guatapé, tiene capacidad de regulación superior a un año; el resto no supera los cuatro meses.
De los 23 reservorios que alimentan las hidroeléctricas, solo uno, El Peñol, en Antioquia, que abastece a Guatapé, tiene capacidad de regulación superior a un año; el resto no supera los cuatro meses.

¿Subirá la factura de energía con el nuevo Niño?

Alejandro Castañeda, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), explica que con la llegada del fenómeno, los precios en bolsa sí tienden a subir, pero esto no tendría un efecto significativo en la factura de los usuarios.

El precio de bolsa solamente pesa 5% dentro de la factura que pagan los usuarios. Entonces, un cambio de $300 termina siendo, más o menos, entre 1,2% y 1,5% de aumento en la factura, es decir, unos $15”, explicó.

A su vez, el analista Vera matiza esta cifra al decir que el precio de bolsa representa apenas entre el 15% y el 20% del componente de generación de energía dentro de la tarifa, y ese componente de generación equivale a aproximadamente el 35-40% de la tarifa total.

En otras palabras, los movimientos en bolsa no se trasladan de manera lineal a lo que paga el usuario final, pues “el resto son contratos de largo plazo”.

Sin embargo, Vera advierte que dependiendo de la severidad del fenómeno y del comportamiento de la demanda, las alzas en el precio de bolsa pueden ser significativas, especialmente cuando la generación térmica y renovable operen a tope.

Lo que sí preocupa a los expertos, más allá de las facturas, es el margen de maniobra del sistema. Castañeda asegura que la energía firme, aquella con la que siempre se cuenta incluso en los momentos más críticos, no tiene excedentes. La oferta y la demanda están igualadas. Eso no deja espacio para imprevistos.

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Según explica, Esteban Quintana, CEO de Klik Energy, en un sistema como el colombiano, donde cerca del 70% de la generación depende de la hidroelectricidad, esa caída en las lluvias se traduce casi automáticamente en un encarecimiento de la energía en bolsa durante los meses críticos.

Desde su lectura, el efecto no se limita a la oferta. También obliga a activar mecanismos de ajuste por el lado de la demanda. Quintana recuerda experiencias como el programa “Apagar Paga” y el esquema de Respuesta de la Demanda (RD), que permitieron en su momento que los usuarios participaran reduciendo su consumo para aliviar la presión sobre el sistema.

Aun así, subraya que el país cuenta con herramientas para enfrentar el choque. “El esquema de cargo por confiabilidad y la entrada en operación del parque térmico permiten suplir la caída de la generación hídrica cuando escasea el recurso”. En ese sentido, el sistema está diseñado para responder, aunque el costo de esa respuesta, en un contexto de menor agua, inevitablemente se refleje en tarifas más altas.

El déficit que el próximo gobierno heredará

Natalia Gutiérrez Jaramillo, presidenta de Acolgen, estima el próximo gobierno recibirá un sistema “en estado crítico”. Los hallazgos del informe de XM presentado al Centro Nacional de Operación en enero de 2026 muestran que el margen de maniobra del país “ya no existe”, lo que obliga a operar con máxima disciplina para evitar riesgos en la prestación del servicio.

Según la actualización de XM de enero de 2026, el déficit de energía para este año subió al 2,7% y para 2027 se estima en 4,4%. Bajo condiciones de sequía, el sistema podría enfrentar un déficit de aproximadamente 272 MW de potencia firme, equivalente al consumo total de una ciudad como Bucaramanga.

La vulnerabilidad se agrava porque en 2025 solo entró en operación el 10,8% de los 3.517 MW esperados, es decir, apenas 380 MW. A esto se suma una deuda del sector con los comercializadores que supera los $7 billones y una deuda del Gobierno por subsidios que supera los $3,6 billones, generando presiones en toda la cadena.

La pregunta más temida, ¿hay riesgo de racionamiento?, recibe respuestas incómodas. Acosta advierte que el riesgo es alto si el fenómeno se presenta con la intensidad proyectada, dada la vulnerabilidad actual del sistema. Y Carmenza Chahín, exdirectora de la CREG, va en la misma línea: “sí habría riesgo de racionamiento, si la magnitud de El Niño es la que están pronosticando”.

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Vera añade una consideración práctica: “los generadores hidráulicos desde ya deben empezar a ahorrar agua para cumplir y honrar en su momento los contratos firmados”. En el agro, Bedoya insiste en que agricultores y productores harán todo lo que esté a su alcance para minimizar el impacto, pero reconoce que la clave estará en la infraestructura hídrica básica: tanques de almacenamiento, reservorios y medidas de optimización del recurso agua.

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