La informalidad laboral sigue siendo uno de los puntos negativos, detrás de las reducciones de la tasa de desempleo, que para enero fue del 10,9%.
De acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo, el país registró en 2025 una tasa de empleo informal de 56%, lo que lo ubica como el segundo país con mayor informalidad entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, solo superado por México, que alcanza 56,4%.
La diferencia frente a economías europeas es amplia. Mientras en Colombia más de la mitad de los trabajadores están en la informalidad, en la mayoría de países europeos de la Ocde la tasa no supera el 5%. Un ejemplo es Polonia, que en 2024 registró una informalidad de 8,6%, lo que significa que el indicador colombiano es cerca de siete veces mayor.
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Un fenómeno global
Aunque Colombia destaca por sus altos niveles de informalidad, el problema es estructural y se repite en muchas economías. En América Latina y el Caribe, el fenómeno afecta al 51,1% de los trabajadores, es decir, a más de la mitad de la población ocupada.
A escala global, la cifra llega a 57,7%, lo que equivale a más de 2.000 millones de personas en el mercado laboral informal.
Según el informe Employment and Social Trends 2026 de la OIT, en los últimos años se ha desacelerado la transformación estructural de las economías, es decir, el paso de trabajadores hacia sectores más productivos y con mejores condiciones laborales.
Este proceso se ha reducido a la mitad en la última década frente al ritmo observado entre 2005 y 2015, lo que ha frenado el avance hacia la formalización del empleo.
Los motores de la informalidad
El diagnóstico de la OIT identifica tres factores principales que impulsan la informalidad laboral en el mundo.
El primero son factores microeconómicos, como bajos niveles de educación, pobreza, predominio de pequeñas unidades productivas y acceso limitado a crédito, servicios y mercados. Estas condiciones dificultan que trabajadores y pequeñas empresas puedan integrarse al sistema formal.
El segundo está relacionado con el entorno regulatorio. En algunos países existen vacíos legales o dificultades para aplicar las normas laborales, lo que termina reforzando la informalidad.
El tercer factor es macroeconómico. Cuando la economía no genera suficientes empleos formales, o enfrenta incertidumbre comercial y altos niveles de deuda pública, la creación de empleo de calidad se debilita.
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¿Por qué Europa tiene menos informalidad?
Las diferencias entre Europa y América Latina también responden al enfoque de las políticas públicas. En muchos países europeos, la formalización se entiende como un instrumento para garantizar trabajo decente y desarrollo económico, más que como una estrategia de recaudo fiscal.
Allí, las políticas combinan control y aplicación de la ley con incentivos reales para formalizar el empleo. Además, los sistemas de protección social suelen ser universales y se financian con impuestos generales, mientras que en América Latina la cobertura suele depender de tener un contrato laboral formal.
El caso de Colombia
En Colombia, varios factores estructurales explican la persistencia de la informalidad. Uno de ellos es el alto costo no salarial de contratar formalmente.
La economista Clara Pardo señala que vincular a un trabajador formalmente puede elevar el costo laboral entre 40% y 60% por encima del salario, debido a prestaciones y aportes obligatorios. Esto se convierte en una barrera para muchas empresas.
El problema se agrava porque cerca del 85% de las microempresas del país operan en la informalidad, y este tipo de negocios constituye la mayor parte del tejido empresarial.
Otro factor es la relación entre el salario mínimo y la productividad. Según Henry Amorocho, el salario mínimo en Colombia es relativamente alto frente a la productividad promedio, lo que incentiva a algunas empresas a evitar la nómina formal y recurrir a contratos por prestación de servicios.
Riesgos para la economía
Los altos niveles de informalidad también tienen consecuencias de largo plazo. Con 56% de los trabajadores fuera del sistema de seguridad social, los expertos advierten que el país podría enfrentar problemas para financiar las pensiones en el futuro.
Esto significa que no habría suficientes cotizantes para sostener el sistema, lo que podría obligar al Estado a destinar mayores subsidios públicos para garantizar ingresos a los jubilados.
Además, la informalidad limita el recaudo tributario y debilita las finanzas públicas, al tiempo que refleja un mercado laboral donde muchos empleos no ofrecen condiciones suficientes para garantizar calidad de vida.
¿Cómo reducir la informalidad?
Para enfrentar este desafío, algunos expertos plantean la necesidad de reformar el modelo empresarial y tributario del país.
Reducir impuestos sobre la renta y ampliar la base de contribuyentes podría disminuir la evasión y estimular la formalización, al tiempo que mejoraría la rentabilidad de las empresas formales.
También se plantea impulsar sectores con mayor valor agregado —como la tecnología o la manufactura avanzada— para elevar la productividad y generar empleos de mayor calidad.
Amorocho señala que países como Francia y España, con tasas de informalidad de 3,1% y 2,2%, han logrado mantener bajos niveles gracias a economías más productivas y a un equilibrio entre los sectores agropecuario, industrial y de servicios.
En el caso francés, por ejemplo, las condiciones laborales incluyen jornadas de 35 horas semanales, salario mínimo garantizado y cinco semanas de vacaciones pagadas al año. Estas medidas muestran que la formalización laboral puede coexistir con altos niveles de productividad.