Producción de gas toca mínimos
En comparación con el mismo mes de 2025, la producción cayó 10,2% (132,2 MPCD menos), con descensos marcados en Casanare (6,1%), Sucre (43,0%), Boyacá (30,1%) y Atlántico (59,1%). Frente a enero de 2026, la reducción fue de 2,4%, explicada principalmente por caídas en Casanare (2,0%), Córdoba (14,5%) y Boyacá (15,4%), aunque Meta registró un repunte de 23%.
En paralelo, la menor producción ha incrementado la dependencia de las importaciones. Entre enero y febrero de 2026, estas promediaron 183,2 MPCD, un aumento anual de 13,3%, y representaron el 21% del gas comercializado en el país. A su vez, la producción comercializada —es decir, el que se vende y llega al mercado— tuvo una caída interanual de 16,2%.
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Campos en declive
Pero este deterioro no solo es actual, sino proyectado. De los 11 campos con mayor potencial productivo, seis reducirían su capacidad a menos del 50% hacia 2030, y cuatro caerían por debajo del 30%.
Esto confirma que los yacimientos tradicionales están entrando en su etapa de agotamiento: producen menos volumen a medida que pasa el tiempo, incluso con esfuerzos técnicos para sostenerlos.
De acuerdo con Julio César Vera, presidente de Xua Energy, el gas es un recurso no renovable cuya explotación declina de manera natural con el tiempo, dependiendo de factores como el nivel de reservas, los mecanismos de producción, los sistemas de levantamiento, la infraestructura y las condiciones económicas del mercado.
En ese sentido, explicó que campos como Cusiana y Cupiagua, descubiertos en los años 90, han entrado en una fase marcada de declinación.
“Esto se debe a que, por sus características geológicas, inicialmente se priorizó la producción de crudo, mientras que solo en la última década se impulsó el balance y el aumento de la extracción de gas. A esto se suma que el país no ha logrado reemplazar, mediante nuevos descubrimientos o proyectos de recobro, las reservas que se han venido agotando. Como resultado, la caída en la producción de gas se ha vuelto cada vez más evidente”, señaló.
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“Yacimientos ya no dan más”
Desde la óptica del exministro de Minas y Energía Amylkar Acosta, esta caída, sumada a la de los campos en La Guajira, es irreversible.
“Son yacimientos antiguos que ya no dan más. Se están exprimiendo mediante técnicas de recobro mejorado para evitar una caída mayor, pero no hay mucho más que hacer”, indicó.
Agregó que las implicaciones de este declive son profundas: “Colombia ya perdió la autosuficiencia en gas desde diciembre de 2024, y ahora también está en riesgo la soberanía energética debido a la creciente dependencia de importaciones”.
Asimismo, dijo, las reservas de crudo son “sumamente precarias”, lo que explica la caída en la producción y exportación, afectando el ingreso de divisas y los recursos fiscales del Estado.
Menos exploración y reservas
¿Qué debe hacer el país?
Para Vera, el país debe incentivar la exploración y explotación de hidrocarburos, especialmente gas, en regiones como el Piedemonte llanero, el Valle Inferior del Magdalena, el Caribe offshore, Sinú-San Jacinto, Cesar-Ranchería y en yacimientos no convencionales del Valle Medio del Magdalena y la Cuenca Cordillera.
Para ello, planteó retomar la asignación de nuevas áreas, fortalecer los proyectos de recobro mejorado, agilizar el licenciamiento ambiental y garantizar condiciones que mantengan la competitividad y la confianza inversionista. De lo contrario, advirtió, el país dependerá cada vez más de importaciones a mayores costos.
Por su parte, Acosta propuso “desatarle las manos” a Ecopetrol y al sector, levantando la moratoria de nuevos contratos de exploración y producción y permitiendo el uso de fracking.
Pese a este panorama, los analistas coinciden en que el país aún tiene potencial para nuevos hallazgos, aunque en su mayoría serían de tamaño mediano o pequeño. No obstante, la suma de estos puede traducirse en volúmenes relevantes de reservas si se impulsa la exploración en nuevas fronteras y se aseguran condiciones estables en lo económico, operativo y jurídico.
En ese contexto, concluyeron que los hidrocarburos seguirán siendo clave para el desarrollo del país durante las próximas décadas, pero sin nuevas inversiones Colombia corre el riesgo de convertirse en importador neto de gas, con mayores costos y mayor dependencia externa.