El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció que su gobierno ha otorgado permiso a Estados Unidos para utilizar bases militares del Reino Unido con el fin de lanzar ataques “defensivos” destinados a destruir misiles iraníes y sus lanzadores.
Según Starmer, esta medida busca neutralizar la amenaza de Irán mediante la destrucción de los proyectiles en su origen, ya sea en sus depósitos de almacenamiento o en las plataformas utilizadas para dispararlos.
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Pese a dicha autorización, el mandatario fue enfático al aclarar que el Reino Unido no participó en los ataques iniciales contra territorio iraní y que no se unirá a acciones ofensivas directas en esta etapa. Para Starmer, esta es una medida necesaria para proteger a los aliados regionales y a los cerca de 200.000 ciudadanos británicos que se encuentran en la zona, argumentando que Irán está siguiendo una estrategia de “tierra arrasada”.
El primer ministro británico también señaló que la decisión de no involucrarse directamente en la ofensiva fue deliberada, citando la importancia de aprender de los “errores de Irak” y manifestando que la prioridad sigue siendo alcanzar una solución negociada que garantice que Teherán renuncie al desarrollo de armamento nuclear.
Poco después del anuncio, se registraron varias explosiones en la base de Akrotiri, ubicada en Chipre, la cual es un punto estratégico para la Royal Air Force (Real Fuerza Aérea - RAF), que es la rama aérea de las Fuerzas Armadas Británicas.
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