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Ormuz en la mira: Trump amenaza a Irán tras fracaso de su ofensiva relámpago

El presidente de EE. UU. amenaza con destruir la infraestructura civil iraní si el paso estratégico no es reabierto este martes. Mientras Washington se queda solo en su coalición, Teherán utiliza el control del estrecho como su última y más letal carta de supervivencia.

  • El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla sobre el conflicto en Irán en la sala de prensa James S. Brady de la Casa Blanca, este 6 de abril de 2026, en Washington, DC. (Foto de Kent Nishimura / AFP).
    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla sobre el conflicto en Irán en la sala de prensa James S. Brady de la Casa Blanca, este 6 de abril de 2026, en Washington, DC. (Foto de Kent Nishimura / AFP).
Daniel Rivera Marín

Editor General

hace 3 horas
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El Estrecho de Ormuz, esa garganta de apenas 33 kilómetros de ancho por donde respira el 20% del petróleo mundial, se ha convertido este lunes en el epicentro de una tensión global que amenaza con desbordarse. Tras semanas de una guerra que parece no haber seguido el guion victorioso que la Casa Blanca proyectó inicialmente, el presidente Donald Trump ha lanzado un ultimátum final a Teherán: o el paso se reabre este martes, o las infraestructuras civiles de Irán serán reducidas a cenizas.

La mañana de este lunes, que coincide con el lunes de Pascua, amaneció con una descarga de artillería digital desde Truth Social. Trump, quien celebró el sábado el rescate de un aviador estadounidense perdido en las montañas iraníes —un pequeño triunfo táctico en medio de un panorama estratégico empantanado—, no escatimó en vulgaridades para presionar al régimen de los ayatolás.

“El martes será el Día de las Centrales Eléctricas y el Día de los Puentes, todo en uno”, escribió el mandatario. Con su característico estilo disruptivo, exigió la reapertura del Estrecho de Ormuz bajo la amenaza de enviar a la población iraní “al infierno”. El mensaje, rematado con un irónico “Alabado sea Alá”, ha sido interpretado por analistas internacionales como una señal de frustración ante la resiliencia de un Irán que, a pesar de haber perdido gran parte de su armada y fuerza aérea, mantiene un control asfixiante sobre el tráfico marítimo.

Crímenes de guerra

La estrategia de Trump en este conflicto ha sido un péndulo desconcertante. Durante la última semana, el presidente ha oscilado entre el desinterés absoluto —argumentando que Estados Unidos ya no depende del crudo que fluye por Ormuz— y la beligerancia extrema. Sin embargo, la realidad económica contradice su retórica de independencia: el estrecho no solo es vital para el petróleo, sino que es el paso obligado para el helio y los fertilizantes, insumos críticos para la industria global de semiconductores y la seguridad alimentaria.

Irán, consciente de que Ormuz es su “arma de supervivencia”, ha comenzado a cobrar peajes de hasta 2 millones de dólares a los pocos buques que permite transitar. Esta maniobra ha sido descrita por algunos observadores como un “cambio de régimen marítimo”, donde Teherán dicta las reglas de juego en sus aguas territoriales, desafiando el principio de libre navegación que Washington ha defendido históricamente.

La amenaza de atacar centrales eléctricas y puentes ha encendido las alarmas en los organismos de derechos humanos y en el Capitolio. El senador demócrata Chris Murphy calificó las declaraciones de Trump como “completamente desquiciadas”, recordando que las Convenciones de Ginebra prohíben estrictamente los ataques contra infraestructuras de uso civil.

Desde el Pentágono, los funcionarios intentan construir una narrativa legal que justifique estos objetivos, argumentando que la red eléctrica iraní es fundamental para sus programas de misiles y desarrollo nuclear. No obstante, esta interpretación es una pendiente peligrosa que podría validar ataques contra suministros de agua y otras necesidades básicas, lo que aislaría aún más a Estados Unidos en la escena internacional.

Trump se quedó solo en la guerra

Uno de los mayores obstáculos para los planes de guerra de Trump ha sido la soledad. A pesar de sus llamados a Europa, China e India para formar una coalición internacional que mantenga abierto el estrecho, la respuesta ha sido gélida. Al no haber sido consultados sobre la decisión inicial de atacar a Irán, y ante la percepción de que la guerra es una aventura imprudente o ilegal, los aliados tradicionales han preferido mantener distancia.

Incluso dentro de la región, el panorama es sombrío. Los ataques de represalia iraníes contra instalaciones energéticas en los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait han demostrado que Teherán tiene la capacidad de causar un dolor económico significativo a los aliados de Washington, utilizando tácticas de guerra asimétrica como minas marinas y lanchas rápidas.

Desde Teherán, el discurso oficial se mantiene firme. Reportes de medios internacionales como DW sugieren que el liderazgo iraní está explotando el sentimiento nacionalista, afirmando que su pueblo está “dispuesto a sufrir para ser libre” de las imposiciones estadounidenses. Esta narrativa se ve reforzada por la percepción de que Trump busca un acuerdo rápido simplemente porque sus planes originales de una victoria relámpago en cuatro semanas han fallado.

“Calculamos que nos tomaría de cuatro a seis semanas cumplir nuestra misión. A los 26 días, estamos muy avanzados”, se jactó el presidente recientemente. Pero la realidad en el terreno muestra un conflicto estancado donde la resistencia iraní ha logrado encarecer el costo de la guerra para la administración Trump.

Al cierre de esta edición, el mundo observa con nerviosismo el reloj. El martes se perfila como el día D para la administración Trump. Si Irán no cede ante la presión y Estados Unidos cumple su amenaza de atacar objetivos civiles, el conflicto entrará en una fase de imprevisibilidad total.

La crisis en el Estrecho de Ormuz no es solo una disputa por el precio de la gasolina en Medellín o Bogotá; es el reflejo de un orden mundial en disputa, donde la fuerza bruta de una superpotencia se enfrenta a la geografía estratégica y la tenacidad de un rival que no tiene nada que perder. Mañana sabremos si el “Día de las Centrales Eléctricas” es el inicio del fin de la guerra o el comienzo de un incendio global que nadie podrá apagar.

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