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El diario de una latina en Israel, en medio de la guerra: “No hay pánico, la vida sigue”

EL COLOMBIANO conoció el testimonio de una católica que vive en Israel, mientras la región sufre por la guerra con Irán. Sus días van más allá de lo que cuentan los medios de comunicación internacionales.

  • La vida sigue con relativa normalidad en Israel, pese a las amenazas permanentes de enemigos de ese país como Irán. Foto: Getty.
    La vida sigue con relativa normalidad en Israel, pese a las amenazas permanentes de enemigos de ese país como Irán. Foto: Getty.
  • El domo de hierro intercepta a los misiles enemigos que llegan a Israel. Foto: Jack Guez-AFP.
    El domo de hierro intercepta a los misiles enemigos que llegan a Israel. Foto: Jack Guez-AFP.
hace 9 minutos
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“Primero te llega una alarma al teléfono, te dice que hay misiles aproximándose y que debes acercarte a un lugar seguro. Luego de eso pasan unos siete minutos y empiezan a sonar las alarmas en tu zona”.

El testimonio es de María*, una latinoamericana que vive en Israel. Ella salió de su terruño hace más de diez años hacia Europa, y después aterrizó en el Medio Oriente. Hace parte del 2% cristiano que está en ese país.

Todos los días salen noticias desde ese territorio que ha tenido una historia marcada por los conflictos. El de hoy tiene que ver con que Donald Trump y Benjamín Netanyahu bombardearon Irán y este respondió con misiles para vengarse.

Se creería que por estar en guerra la vida de personas como María cambia, pero la verdad es que la cotidianidad no se interrumpe.

Algunas casas o edificios, no todos, tienen refugios para resguardarse de los bombardeos:

“Empiezan a sonar las sirenas y desde eso tienes un minuto y medio para llegar al refugio. Pero nos quedamos esperando a ver qué pasa, en eso se escucha el ‘boom’. Se vive entre risas, entre ‘uy, ese estuvo cerca’”.

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Cerca de donde vive hay un punto del “domo de hierro”, el sistema de defensa de Israel para interceptar misiles enemigos: “Tenemos cerca el domo de hierro, siempre pensé que eran aviones volando bajito por el ruido y me explicaron que era el cohete interceptor, que sale por aquí cerca”.

El domo de hierro intercepta a los misiles enemigos que llegan a Israel. Foto: Jack Guez-AFP.
El domo de hierro intercepta a los misiles enemigos que llegan a Israel. Foto: Jack Guez-AFP.

El estado de alerta naranja, en el que están en este momento, permite reuniones de hasta cincuenta personas. Pero eso hace que, para los lugares comerciales más grandes no se justifique atender a las personas: “Uno de los restaurantes que tenemos aquí, el más famoso, no compensa abrirlo: son diez cocineros y no puedes abrir si solo vienen cincuenta personas a comer”.

Los cristianos viven principalmente del turismo, que se ha visto afectado por la situación. Desde que empezó la intervención que dio con la muerte del ayatola iraní Alí Jameneí, miles de vuelos han sido cancelados en Medio Oriente. Por ende, ha habido menos turistas llegando a Israel.

Pero, aunque la situación sea difícil, la gente no quiere irse. Si llegan a tener esa intención es más por el “fastidio” que supone estar en guerra, que por miedo a que algo les ocurra:

“De quienes conozco, algunos han pensado en irse, pero más desde el ‘qué fastidio estas guerras todo el tiempo’, no porque aquí no haya futuro.

La gente se siente muy arraigada. Para los cristianos también significa mucho, es la tierra de Jesús. No es como cuando yo me fui de mi país: hay una especie de fidelidad a ese regalo de haber nacido en esta tierra, a pesar de todas las consecuencias que tenga la tensión permanente”.

Por parte de la comunidad judía hay ganas de seguir adelante a pesar de todo: “Los judíos tienen una forma de pensar de ‘no me vas a joder’. Si les lanzan un misil, hacen una fiesta. Es una mentalidad de seguir adelante pase lo que pase’”.

Dentro de todo se trata de un mensaje, según dice María, de libertad. En el fondo piensan “quieres que me quede encerrado, pero no lo haré. Me puedes quitar todo, menos mi libertad”.

Desde lejos, sus seres queridos miran los noticieros con angustia: creen que en cualquier momento le puede pasar algo: “¿Cómo estás? ¿Cómo está todo?” le preguntan, preocupados. Ella, al otro lado del teléfono o la videollamada, dice “es que está todo bien, ¿qué más quieres que te diga? En las noticias dicen que se acaba la guerra, luego que no, suenan las alarmas, te resguardas y sigues adelante. La vida no se detiene”.

Cuando María habla, es inevitable pensar, guardando las proporciones, en la Medellín o la Colombia de los años ochenta, golpeada por los carros bomba y la violencia de la mafia. Frases como “Otro carro bomba, ¿dónde sería?” se volvieron costumbre. Así como lo es en Israel ver un misil en el cielo y pensar “ah, otra vez”.

Diferencia entre la Guerra de los 12 días y la guerra actual

María cuenta de la Guerra de los 12 días, en la que otro ataque masivo de Israel a Irán derivó en otra serie de enfrentamientos entre ambos países, en los que la administración Trump también se involucró. Ella cuenta que, esa vez, a los civiles los tomó por sorpresa:

“Estaba con mi novio en un parque, tomándome un jugo, y de repente él señaló al cielo y dijo ‘mira, eso es un misil...creo que deberíamos irnos’”. Pero, cuando ella lo recuerda, lo hace entre risas. No muestra que haya habido miedo.

Con la guerra actual, dice que sí se la esperaban desde hace tiempo, y que eso generó un estado de ansiedad permanente: “Ya teníamos tiempo diciendo: que pase ya lo que tenga que pasar”. Un día de finales de febrero a las 8 de la mañana, volvió a sonar la alarma en el teléfono: desde allí no ha parado.

“Esta vez son nuevos esos misiles que se abren, los de racimo. En la casa de mi novio no hay refugio, y nos tocó ver cómo dos antimisiles del domo de hierro no fueron suficientes para uno de esos racimos”.

María narra que, una tarde, por primera vez, en mucho tiempo, tuvo miedo: “Eran demasiados, y vi un misil que no estaban alcanzando los sistemas de defensa. Terminó cayendo en una calle y le dio a un carro”.

A todo se suma la cantidad de noticias falsas que circulan en redes sociales: “Nunca había visto tanto contenido con inteligencia artificial. Uno deja de ver noticias porque no sabe si lo que está viendo es verdad o no, y hay gente diciendo que ‘muestren las imágenes reales de la destrucción en Israel’ cuando en realidad no la hay”.

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Cuando se le pregunta si la política es un tema de conversación o no, dice que es difícil conseguir gente que opine: “No les gusta hablar de eso. Ocurre lo mismo que en nuestros países, la gente piensa ‘¿para qué voy a opinar si igual pasa lo que pasa?’. Se resignan”.

Eso sí, dice, hay muchos judíos que están en contra del primer ministro Netanyahu “por su radicalismo”, sobre todo los ortodoxos: “Seguro habrán manifestaciones contra el Gobierno, porque en últimas sube el petróleo, la comida, ¿y quién responde por el bienestar de la gente de a pie?”.

Pero reitera que se siente “llamada a vivir en Israel” porque, en el fondo, se puede vivir normalmente, algo difícil de ver desde lejos: “La gente de afuera nunca va a lograr entender si no está aquí: no hay pánico. Caminas por la calle y todo parece muy normal”.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Cómo es la vida cotidiana en Israel durante la guerra?
Según el testimonio, las alarmas y los refugios hacen parte de la rutina, pero muchas personas siguen trabajando, saliendo y manteniendo actividades diarias.
¿Qué es el domo de hierro de Israel?
Es el sistema de defensa aérea israelí diseñado para interceptar misiles y proyectiles antes de que impacten zonas pobladas o estratégicas.
¿Por qué sigue llegando menos turismo a Israel?
La tensión regional, la cancelación de vuelos y la percepción de inseguridad han afectado la llegada de visitantes, especialmente en comunidades que dependen del turismo.
¿Qué impacto tienen las noticias falsas sobre la guerra en Israel?
Aumentan la confusión, dificultan verificar lo que ocurre y afectan la percepción internacional del conflicto y de la vida diaria en el país.

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