Llegar a Buenavista, una de las veredas más apartadas de Briceño, exige paciencia y recursos. Desde el casco urbano, el recorrido puede tomar hasta cinco horas. Para Lelirian García, bajar al pueblo implica combinar varios medios de transporte y asumir un gasto considerable, por lo que no es una diligencia que pueda hacer cualquier día. Allí, en la montaña, están su esposo, su hija menor y las tierras donde las mujeres de la Asociación Manos Unidas, Paz y Alegría (MUPA) cultivaban café, una tarea que se convirtió en su forma de resistir a la violencia e impulsar sus actividades económicas.
La organización nació en 2009, cuando varias mujeres se juntaron para buscar proyectos que mejoraran la vida de sus familias. Comenzaron con un cultivo de mora y trabajaron hasta que las plantas estuvieron cerca de producir. Entonces, la violencia se interpuso. En 2012, los enfrentamientos y la presencia de minas antipersona en el terreno las obligaron a dejarlo. Volver era un riesgo.
“Estuvimos a punto de perder la vida en el mismo cultivo”. Cuando finalmente pudieron regresar, las moras se habían perdido y con ellas, buena parte de la confianza en la asociación.
Muchas de ellas dejaron de creer en el proyecto y algunas familias se fueron de la vereda. La organización quedó inactiva, pero mantenían el deseo de trabajar unidas para que en su comunidad hubiera paz y alegría.
Entre 2016 y 2017, cuando avanzaba el proceso de sustitución de cultivos de uso ilícito, la asociación retomó su actividad con una nueva apuesta. “Yo les decía que juntas podíamos salir adelante, y así fue como empezamos a trabajar con café”. Además, Lelirian se vinculó como técnica de campo a proyectos rurales y encontró en las capacitaciones una manera de acompañar a otras campesinas.
En 2023, la asociación comenzó a buscar formación para transformar el café y venderlo tostado y molido. Al principio, algunas mujeres lo tostaban en sartenes y el resultado no siempre era bueno. Con el tiempo, mejoraron el proceso, e incluso ganaron un concurso de taza de café y vendieron las 70 bolsas que llevaron a una actividad de Antioquia es Mágica.
En este camino, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia las ha acompañado con capacitaciones en mercadeo, emprendimiento social y liderazgo. “Yo veo a Cámara de Comercio como si nosotras fuéramos esas hijitas y ellos fueran nuestros papás”. Hoy, el grupo reúne a 17 mujeres y ocho hombres, aunque son ellas quienes lideran y toman las decisiones. Además, trabajan para mejorar la producción, cuidar las fuentes de agua y adoptar prácticas más sostenibles que protejan el espacio donde hoy tienen una segunda oportunidad para crecer.
