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Con el respaldo de 45.522 aficionados que convirtieron el estadio de las Chivas en una auténtica fiesta tricolor, México derrotó 1-0 a Corea del Sur y aseguró su clasificación a los dieciseisavos de final.

  • El seleccionado mexicano festeja el buen trabajo que ha hecho en Guadalajara. Foto: Juan Antonio Sánchez
    El seleccionado mexicano festeja el buen trabajo que ha hecho en Guadalajara. Foto: Juan Antonio Sánchez
hace 2 horas
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La Selección de México encontró el gol, el alivio y la clasificación en Guadalajara

La misión estaba clara incluso antes de que rodara el balón. Tras el debut frente a Sudáfrica, muchos aficionados mexicanos habían quedado impresionados por la manera en que la hinchada colombiana se hizo sentir en el Estadio Azteca. Por eso, en Guadalajara se propusieron marcar la diferencia y demostrar que la selección local también podía sentirse arropada por su gente.

Desde temprano comenzaron a llegar los aficionados al estadio de las Chivas. Algunos vestidos de mariachi, otros de Papá Noel y hasta de Chapulín Colorado. Bajo un sol intenso, la fiesta ya se vivía en las tribunas mucho antes del pitazo inicial.

Cuando comenzó el partido, México salió decidido a despejar las dudas que había dejado en su estreno. Sin embargo, enfrente tenía a una Corea del Sur ordenada, disciplinada y sin complejos. El primer aviso serio llegó al minuto 19, cuando un cabezazo del colombiano nacionalizado mexicano Julián Quiñones exigió una gran intervención del portero surcoreano, que evitó la caída de su arco.

La respuesta de las tribunas no tardó en aparecer. —¡Vamos, vamos México, vamos, México! —retumbó en las gradas. En las pausas de rehidratación sonaba la música de banda, mientras la afición intentaba mantener el ambiente encendido. Sobre el césped, Luis Romo destacaba en el mediocampo con su despliegue y claridad, aunque los surcoreanos respondían con transiciones rápidas que mantenían en alerta a la defensa mexicana.

Con el paso de los minutos aparecieron los primeros silbidos y algunos “buu”. Pero lejos de intimidar a Corea del Sur, parecieron darle confianza. El conjunto asiático comenzó a adueñarse de la pelota y a acercarse cada vez más al arco defendido por Raúl Rangel.

México empezó a mostrar señales de desgaste físico en el tramo final de la primera mitad. Mientras Corea del Sur crecía, apoyada en la firmeza defensiva de Kim Min-jae, el equilibrio de Kim Moon-hwan y la movilidad constante de Son Heung-min, los hombres más importantes del equipo local se iban apagando. Julián Quiñones y Luis Romo perdían protagonismo y ni siquiera el grito de “¡México lindo!” que descendía desde las tribunas parecía capaz de reanimar al equipo.

El descanso llegó como un respiro necesario. Y surtió efecto.

México regresó al campo con una actitud diferente. Más agresivo, más decidido y con una energía renovada que volvió a contagiar a los más de 45 mil espectadores presentes. La recompensa llegó rápidamente.

Al minuto 50, un error del portero surcoreano cambió el rumbo del encuentro. El guardameta soltó el balón en una salida defectuosa y Luis Romo apareció oportunamente para empujarlo a la red y desatar la euforia en Guadalajara.

La celebración fue inmediata y colectiva. “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones”, entonó al unísono la afición mexicana. Con el 1-0, la clasificación a los dieciseisavos de final parecía prácticamente asegurada. Sin embargo, todavía quedaba sufrimiento por delante. Corea del Sur se negó a rendirse y mantuvo vivo el partido hasta el final. Mientras la ola recorría una y otra vez las tribunas y los cánticos aumentaban de volumen, sobre la cancha los locales padecían el espíritu combativo de los asiáticos.

El reloj avanzaba y la desesperación comenzaba a apoderarse de Corea del Sur, que empezó a cometer faltas producto de la frustración. México, respaldado por su público, optó por administrar la posesión y proteger la ventaja.

Incluso pudo sentenciar el encuentro. Un pase magistral de Julián Quiñones dejó una ocasión inmejorable dentro del área, pero nuevamente el portero surcoreano apareció para evitar el segundo gol.

Ya en los minutos finales, Quiñones abandonó el terreno de juego entre aplausos, reconocimiento merecido para uno de los jugadores más influyentes de la tarde. Aun así, el desenlace guardaba una última dosis de dramatismo. Antes del pitazo final, Corea del Sur estuvo a centímetros del empate en una acción increíble sobre la línea de gol. Pero la fortuna y los reflejos de Raúl Rangel se aliaron para mantener intacta la ventaja mexicana.

El silbatazo definitivo encontró a 45.522 personas celebrando en las tribunas. Fueron ellas, en su inmensa mayoría mexicanas, las que empujaron a una selección que consiguió el triunfo y la clasificación. México avanzó de ronda, cumplió el objetivo y volvió a conectar con su gente. Sin embargo, entre los festejos quedó una sensación compartida: el resultado convence más que el funcionamiento. La clasificación está asegurada; las dudas, todavía no del todo despejadas.

Estos fueron los titulares de México:

Rangel; Sánchez, Álvarez, Vásquez, Gallardo; Romo, Lira, Gutiérrez; Alvarado, Jiménez, Quiñones.

Estos fueron los titulares de Corea del Sur:

Kim; Lee, Kim, Gi-Hyuk; Seol, Hwang, Paik, Kim; Lee, Son; Lee.

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