La tierra habla y lo que dice parece contener el universo entero, el espacio, el tiempo. Todo. Es un sonido profundo y se puede escuchar en la muestra El Susurro del Barro, de la artista sonora, compositora, performer y creadora de instrumentos española Gemma Luz Bosch.
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“El Susurro del Barro propone una experiencia de escucha de aquello que suele permanecer en silencio: la materia de la tierra. Cuando el barro seco entra en contacto con el agua, el aire atrapado en su interior busca salir. Ese gesto mínimo —burbujeos, respiraciones, chasquidos casi imperceptibles— revela un paisaje sonoro que habla de ríos, montañas, sedimentaciones y memorias profundas del territorio”, dice el texto curatorial.
La muestra incluye la Biblioteca Sonora de Barro Colombiano, un archivo en expansión que la artista ha empezado a construir en su recorrido por varios lugares del país. Tinajas y vasijas cerámicas que funcionan como instrumentos resonadores acústicos; algunos de escucha directa, y otros con altavoces, que amplifican el susurro del barro cuando el agua activa su interior, un documental y un del que dan cuentan del proceso de creación en el que Gemma trabajó de la mano de artesanos y ceramistas locales.
Es apenas una parte del trabajo que Gemma empezó hace años, cuando todavía estaba en la universidad.
Al principio se acercó a la arcilla como forma de meditación, haciendo todos los días algo pequeño, siempre en silencio, buscando ralentizar la vida, conectarse con la tierra a través del material, pero después de un tiempo quiso hacerla sonar y empezó a crear instrumentos percutivos y ocarinas con la arcilla.
Pero el susurro del barro lo escuchó por primera vez en 2019. Estaba recogiendo una pequeña exposición que había hecho con arcilla, donde proponía a los asistentes la misma meditación, hacer objetos pequeños, o disolverlos en el agua, y de repente lo escuchó.
–Primero pensé que era el aire, pero no, entonces me acerqué a un cuenco donde se estaba disolviendo una pieza en agua y ese fue mi primer encuentro con el susurro del barro, fue muy bonito, sentí que me estaba hablando, y desde ese momento he estado buscando formas de compartirlo, pero también de amplificarlo– dice Gemma.
Esa búsqueda la trajo a Colombia. Aquí recorrió Barichara, Mompox, Santa Rosa de Cabal y Medellín. En cada lugar trabajó de la mano de ceramistas y comunidades locales, recogió muestras e intercambió conocimientos y objetos.
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–Ha sido muy bonito trabar con artesanos que trabajan con este material hace muchísimos años. Para mí es muy valioso, cada ceramista tiene su propia técnica y no es porque la haya elegido, realmente es una conversación con el material, cada barro tiene su forma de ser preparado, moldeado, secado –dice Gemma.
Todo eso es lo que hace que el susurro del barro sea único, cada muestra habla de su propia historia.
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