Apenas había pasado el primer trimestre del año cuando 79 oficiales del Ejército Nacional fueron llamados a calificar servicios y dar así fin a sus carreras dentro de la institución. El general Jorge Ricardo Hernández, de la brigada X (diez), fue uno de ellos. Sin embargo, tanto su salida como el remezón general han causado indignación y preguntas.
Hasta ahora, Hernández había decidido permanecer en silencio. Lo que lo motivó a hablar fue ver a sus compañeros seguir saliendo en fila: uno tras otro.
Su salida, dice, se debe a un retén que hizo en Antioquia en 2024. Pero no cualquier retén: se refiere al retén en el nordeste antioqueño en el que se incautaron los computadores donde se encontraron los famosos “archivos de Calarcá”.
“La explicación formal (de mi salida) era por una investigación disciplinaria que tenía que ver con el Comando de Ingenieros, pero al final de la conversación se dio un comentario sobre “lo que pasó en Medellín”. Para mí, ese hecho corresponde precisamente al procedimiento en el que fue detenido alias Calarcá”, aseguró en entrevista con La FM.
Pero, ¿qué pasó y por qué Hernández se remonta a aquel episodio para explicar su salida? En ese entonces era comandante de la IV Brigada, y asegura que tenían información sobre una posible movilización de grupos armados por el corredor que vigilaban. Estaban allí porque hacían parte de un plan de seguridad conocido como Viaje Seguro, su Ejército está en la vía”.
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“Al verificar quiénes viajaban allí, nuestros hombres identificaron que algunos ocupantes serían integrantes del Estado Mayor Central de las disidencias de las Farc. Después, se pudo confirmar que allí estaba alias Calarcá y otros seis integrantes de esa estructura, entre ellos alias Leo Firu, alias El Ruso y Hermes Boyacá”, explicó el exoficial.
Tras recibir la información, Hernández cuenta que revisaron quiénes tenían órdenes de captura vigentes y activas. Al hacerlo, notaron que Alias Leo Firu y Hermes Boyacá eran requeridos por la Fiscalía, por lo que llamaron a la entidad para hacer el proceso correspondiente.
Mientras adelantaba su labor, los miembros de las disidencias de las Farc empezaron a mostrar cierta resistencia. Además, su teléfono celular empezó a timbrar: había quienes lo felicitaban por el retén, otros le decían que podía meterse en problemas.
Fue por eso que llamó a los medios de comunicación: para que fueran testigos de todo.
“Siempre consideré que estaba actuando correctamente. Cuando un oficial cumple con la doctrina, la ley y la Constitución, espera que su actuación sea respaldada, no que tenga consecuencias negativas para su carrera”, dijo en la entrevista.
Las dos capturas activas se dieron. El menor reclutado que iba en las camionetas quedó en manos de las autoridades, y Calarcá siguió su camino, pero en manos del Estado también quedaron los famosos archivos.
Cabe recordar que los archivos recogidos mostraron que, presuntamente, desde instancias oficiales se habría facilitado información sensible sobre operativos, permitiendo que cabecillas evadieran capturas, e incluso se habrían usado vehículos del Estado para mover guerrilleros sin levantar sospechas.
A pesar de las capturas y los hallazgos, Hernández asegura que se sorprendió, pues no recibió ninguna felicitación a pesar de que había logrado dos capturas sin disparar ni una sola bala.
“Dentro de los objetivos asignados a la Cuarta Brigada estaba la captura de alias Leo Firu, quien figuraba entre los principales objetivos militares. Sin embargo, después de ese operativo no recibí ningún tipo de reconocimiento institucional”, explicó.
Dos meses después iniciaron los atentados contra su vida. “Recibí una amenaza directa del ELN”, dijo. Un año y medio después, empezó a notar presiones y “consecuencias” en su carrera, como ser trasladado cuatro veces en un año, algo que no es normal para su cargo.
”Empecé a ser objeto de traslados, dejé de ser tenido en cuenta para reconocimientos propios de la carrera militar y, finalmente, fui llamado a calificar servicios”, narró, y explicó que, cuando pidió que le justificaran su salida, le dijeron que desde el Gobierno Nacional estaban inconformes con su servicio.
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Fue allí cuando salió a flote el comentario de: “Lo que pasó en Medellín”.
“Al hacer una cronología de los hechos, considero que ese episodio pudo influir en el desarrollo de mi carrera militar. Nunca imaginé que actuar conforme a la ley pudiera traer amenazas contra mi vida y consecuencias administrativas”, agregó.
Por el momento no hay comunicación oficial por parte del Ejército Nacional.
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