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De la Espriella y su posesión en el Cauca: estos son los desafíos y costos de meterse a la “boca del lobo”

Aunque falta la aprobación en la Cámara, el Senado ya votó a favor de que el presidente entrante tome juramento el 7 de agosto en una base militar en ese departamento. El antecedente más “cercano” es que Simón Bolívar lo hizo cerca a Cúcuta el 3 de octubre de 1821, en una parroquia.

  • Abelardo De la Espriella, en campaña, dijo que si gana la presidencia se posesionaría en una base militar. Fotos: Colprensa y Ejército.
    Abelardo De la Espriella, en campaña, dijo que si gana la presidencia se posesionaría en una base militar. Fotos: Colprensa y Ejército.
hace 55 minutos
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La decisión de Abelardo De la Espriella de asumir la presidencia en el Cauca, en una guarnición militar o en otro lugar en Popayán, trasciende la elección de un escenario físico y representa una apuesta simbólica que rompe con más de un siglo de tradición republicana.

La elección de esa región como lugar de posesión transmite un mensaje claro: comenzar la gestión presidencial en el territorio donde el Estado ha enfrentado históricamente sus mayores dificultades por cuenta del recrudecimiento del conflicto armado. Pero también representa uno de los principales bastiones electorales del petrismo.

Ya no solo en este gobierno que termina sino desde hace décadas, el Cauca representa lo que expertos llaman un “enclave histórico”, es decir, la guarida de las Farc y actualmente el centro de operaciones del Estado Mayor Central (EMC), la disidencia liderada por alias Iván Mordisco, señalado por De la Espriella como uno de sus principales objetivos militares cuando asuma el poder.

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El Cauca es la “boca del lobo” por los hechos de violencia que ocurren casi que a diario: masacres, carrobombas, secuestros, asesinatos de líderes sociales y ataques contra la Fuerza Pública; es uno de los mayores símbolos del deterioro del orden público.

Posesionarse allí envía un mensaje contundente sobre la intención de recuperar la seguridad nacional y de hacer presencia estatal.

Según datos de la Fundación Ideas para la Paz, entre enero de 2022 y abril de 2026, el Cauca y el Valle, ambos en el suroccidente colombiano, sumaron más de 600 ataques ataques contra la Fuerza Pública y la población civil.

Para esa misma organización, el 2025 fue el año con la cifra más alta de hechos violentos en 15 años. Solo en el Cauca se registraron 175 ataques, lo que representó un preocupante aumento del 52 % en comparación con 2024.

Sumado a eso, la región donde se pretende posesionar De la Espriella ha sido epicentro de una nueva táctica de guerra, con estructuras criminales batiendo récords en la cantidad de ataques con explosivos lanzados desde drones modificados.

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¿Podrá posesionarse allá?

En su arriesgada apuesta, De la Espriella ya cuenta con un avance clave para hacer realidad su posesión fuera de Bogotá. Esta semana, el Senado aprobó una proposición motivada por Enrique Gómez de Salvación Nacional.

La decisión fue respaldada por 55 votos a favor y 32 en contra. El documento fue respaldado por la bancada oficialista que integran el Centro Democrático, Cambio Radical, Partido Conservador.

Lo que sigue ahora es que la Cámara de Representantes estudie y vote en plenaria la proposición para que el electo mandatario pueda posesionarse en esa región. Dicha plenaria se llevará a cabo el próximo martes 28 de julio.

Precisamente, el mandatario electo dijo este jueves a través de su cuenta en X que celebra la decisión del Senado y que “la grandeza de los símbolos, del nuevo orden y del debate constructivo empieza a dar sus frutos: acuerdos por la Patria, acuerdos para los ciudadanos. Vamos a recuperar la soberanía y a hacerlo de la mano de la Constitución y la ley”.

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También expresó que gobernará en “colaboración armónica entre los poderes públicos” sobre lo que llamó un “Acuerdo sobre lo Fundamental que le he planteado al país” en “seguridad, salud, lucha contra la corrupción, descentralización, educación, oportunidades para los jóvenes, un Estado pequeño y eficiente, entre otros temas. Todo lo que esté por fuera de lo anterior pertenece a la órbita de la política menor”.

Los retos

Históricamente, el Cauca ha sido la cuna de las reivindicaciones sociales e indígenas del país (con el CRIC a la cabeza) usadas como motor electoral del Pacto Histórico.

Figuras como Francia Márquez, vicepresidenta de Petro, y Aida Quilcué, quien fue fórmula de Cepeda, no solo nacieron allí, sino que cimentaron su capital político en la resistencia caucana.

Llegar a este territorio para iniciar un gobierno de línea opositora al petrismo, según expertos consultados, es una especie de declaración de guerra narrativa que busca demostrar que la izquierda no tiene el monopolio de las regiones periféricas.

Las fuentes consideran que es como una forma de decirle al país que el nuevo gobierno también le habla a la Colombia de las regiones, pero desde otro modelo ideológico: orden, seguridad y desarrollo.

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Al exponerse como el presidente que no le teme al bastión de sus rivales, Abelardo intenta neutralizar así el discurso de que su gobierno representa únicamente a las élites andinas centralistas.

Por otra parte, la ceremonia también encaja con uno de los pilares de su programa de gobierno: la denominada “Seguridad Milagro”; De la Espriella ha sostenido que durante el gobierno de Gustavo Petro las Fuerzas Militares fueron relegadas frente a la política de “Paz total”.

Por eso promete reconstruir su moral, fortalecer sus capacidades y restablecer el respaldo presidencial como comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Juramentarse, entonces, en una guarnición militar busca presentar al nuevo presidente como el principal aliado político y moral de soldados y policías. Sin embargo, realizar la posesión fuera de Bogotá, y particularmente en el Cauca, implica riesgos logísticos en la seguridad de los invitados, pero también costos.

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Sin embargo, coincide con las promesas de campaña: descentralizar el ejercicio del poder y acercar el gobierno a las regiones desde el primer día de mandato. Por eso es que ya anunció que Cali, Barranquilla y Medellín serán las sedes alternas de su gobierno que inicia el 7 de agosto próximo y se extiende hasta el 6 de agosto de 2030.

Voces a favor y en contra

Definir si De la Espriella se posesiona por fuera de Bogotá ha sido el primer gran reto legislativo del nuevo Congreso, después de iniciar labores el pasado 20 de julio y votar sus mesas directivas.

El debate ocurre en medio del proceso de transición de gobierno y de los movimientos que ya comenzaron en la Casa de Nariño, donde se adelantan los preparativos para el cambio de administración y los respectivos trasteos de enseres que eso implica.

En ese contexto, los sectores cercanos a De la Espriella, como el senador Enrique Gómez, sobrino de Álvaro Gómez Hurtado, defienden en el Congreso la propuesta como una señal de presencia estatal en una región históricamente afectada por la violencia y el abandono institucional.

Argumentan que la condición del presidente como comandante supremo de las Fuerzas Militares faculta el desarrollo del acto en una guarnición, sin que ello suponga una vulneración de la autonomía del poder civil. Hay que recordar que Petro ha pedido que se niegue la posesión fuera de Bogotá.

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Sus promotores sostienen además que llevar la ceremonia al Cauca representa un mensaje de recuperación institucional en territorios donde durante décadas han operado grupos armados ilegales.

Sin embargo, sectores críticos, encabezados por la congresista Jennifer Pedraza, advierten que una posesión presidencial dentro de una instalación militar podría enviar un mensaje equivocado sobre el papel de las Fuerzas Armadas dentro de la democracia colombiana.

Para estos sectores, la investidura presidencial debe conservar un carácter estrictamente civil como símbolo de la supremacía del poder elegido por los ciudadanos sobre la institución militar.

Uno de los principales reparos viene del senador Rafael Nieto Loaiza, del Centro Democrático, quien aunque coincide con la idea de descentralizar la ceremonia, considera inconveniente realizarla dentro de un cantón militar.

”El mensaje que se envía de un presidente que se posesiona frente a los militares es absoluta y completamente equivocado”, ha dicho Loaiza.

Según el congresista, el escenario podría generar asociaciones negativas con experiencias internacionales donde las fuerzas armadas han tenido una influencia política predominante, citando el caso de Nicaragua con Daniel Ortega.

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Pedraza, que es de izquierda no petrista, ha insistido en que el reconocimiento al papel de los militares no implica trasladar la ceremonia central de posesión a sus instalaciones.

Desde esta perspectiva, dice la senadora, “las Fuerzas Armadas pueden recibir un homenaje institucional, pero el acto de juramento presidencial debe mantenerse en un espacio civil”.

La controversia también ha provocado una reacción del Pacto Histórico, cuyos integrantes anunciaron su rechazo al traslado de la ceremonia fuera del Capitolio.

Esa bancada defendió que la posesión se mantenga en Bogotá y advirtió que algunos congresistas podrían no asistir si finalmente el evento se realiza en una guarnición militar.

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A esta posición se sumó el senador Iván Cepeda, perdedor en la segunda vuelta con De la Espriella, quien anunció que no participará en la posesión del 7 de agosto y que encabezará un acto político alternativo en Barranquilla.

Según explicó, el encuentro tendrá como objetivo organizar a la oposición frente al nuevo escenario político y responder al inicio del gobierno entrante.

Bolívar juró cerca a Cúcuta

La posibilidad de que De la Espriella tome posesión del cargo en el Cauca abriría un capítulo poco común en la historia política colombiana, pero no sería un hecho sin precedentes.

Aunque la tradición moderna ubica la posesión presidencial en Bogotá, en el Congreso, la historia demuestra que el poder presidencial colombiano no siempre ha tenido como escenario la capital.

El 3 de octubre de 1821, tras ser aprobada la carta magna de la Gran Colombia, Simón Bolívar juró someterse a los nuevos poderes de la ley civil y asumir la jefatura del Estado de forma legítima.

El detalles, que lo ancla con la actualidad, es que dicha ceremonia no ocurrió en Bogotá, sino en la sacristía de la iglesia parroquial de Villa del Rosario, en Norte de Santander, cerca a Cúcuta.

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Ese dato cambia la lectura histórica porque una posesión presidencial de De la Espriella en el Cauca no sería la primera vez en la historia que se hace fuera de Bogotá. La diferencia está en el contexto.

Bolívar no escogió Villa del Rosario como un gesto político contra la capital ni como una declaración territorial. Allí estaba reunido el Congreso Constituyente de Cúcuta, el órgano encargado de darle forma jurídica al nuevo Estado.

En ese lugar se aprobó la Constitución de 1821 y se definieron las bases institucionales de la Gran Colombia.

Ese juramento marcó formalmente el paso de una dictadura militar temporal, encabezada por Bolívar, a una jefatura de Estado civil y constitucional regido por leyes.

Dos siglos después, el escenario es distinto. Una eventual posesión presidencial en el Cauca tendría otro significado: no respondería al nacimiento de una nación, sino a un mensaje político de presencia estatal, respaldo a la Fuerza Pública y atención a una región marcada por problemas de seguridad y conflicto armado. También de pugna política contra sectores progresistas y de izquierda.

Pero Bolívar no fue el único gobernante colombiano cuyo ejercicio del poder estuvo marcado por escenarios excepcionales fuera de Bogotá. Otro episodio ocurrió con Tomás Cipriano de Mosquera en 1863.

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Después de una guerra civil que transformó el rumbo político del país, la Convención de Rionegro, en Antioquia, lo reconoció como presidente provisorio de los Estados Unidos de Colombia.

Aunque no se trató de una posesión presidencial bajo el modelo actual, sí fue una muestra de que, en momentos de crisis y reorganización nacional, los centros de decisión podían desplazarse fuera de Santa Fe de Bogotá.

También está el caso de Manuel Antonio Sanclemente en 1898. Elegido presidente a los 84 años, no pudo viajar a Bogotá para la fecha tradicional del 7 de agosto debido a sus problemas de salud.

Permaneció inicialmente en Buga, Valle del Cauca, y su vicepresidente José Manuel Marroquín tuvo que asumir temporalmente mientras se resolvía la situación. Sanclemente llegó a Bogotá y formalizó su juramento meses después ante la Corte Suprema de Justicia.

Su gobierno terminó trasladando parte de su funcionamiento a Villeta y Anapoima, en Cundinamarca, debido a sus condiciones físicas. Aunque la historia, en este caso, no es la misma, sí deja el mensaje de que un presidente puede posesionarse más allá de los límites bogotanos.

Los retos logísticos de la posesión

1. Por riesgo de atentados, en la posesión De la Espriella contará con tres anillos de seguridad. El primero a cargo de la Casa Militar, el segundo de la UNP y el tercero del Ejército. El Cantón Militar ‘José Hilario López’ en Popayán fue atacado hace poco.

2. Para que el juramento sea legítimo, es imperativo trasladar al Congreso en pleno (296 legisladores), además de magistrados de las altas cortes y organismos de control. A esto se suma el despliegue del Batallón Guardia Presidencial, unidad encargada de los honores militares y actos protocolarios.

3. El aeropuerto Guillermo León Valencia de Popayán es una terminal de tamaño reducido que deberá gestionar un flujo inusual de vuelos privados y oficiales, incluyendo el del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. Asimismo, se prevé que asistan más de 500 personas.

4. Existe un obstáculo presupuestal significativo, ya que la Presidencia no tiene recursos asignados para costear el traslado aéreo de los congresistas e invitados. La Cancillería cubre el hospedaje de delegaciones extranjeras y el Congreso lo de los legisladores, dado que el presupuesto oficial no los cubre.

5. Para cumplir con la rigurosidad del acto, es imperativo definir el traslado del Batallón Guardia Presidencial desde Bogotá hasta Popayán. Esta unidad es la única encargada de los actos protocolarios y de rendir los honores militares al presidente electo. Movilizar a este batallón implica una logística adicional.

Preguntas y respuestas

¿Por qué Abelardo De la Espriella decidió posesionarse en el Cauca?
Porque busca enviar un mensaje político y simbólico de presencia estatal en una de las regiones más afectadas por el conflicto armado. La decisión apunta a mostrar que su gobierno priorizará la seguridad, el fortalecimiento de la Fuerza Pública y la recuperación del control territorial.
¿Qué representa el Cauca dentro del escenario político y de seguridad del país?
El Cauca es considerado un territorio estratégico por la presencia histórica de grupos armados ilegales y por la disputa de corredores vinculados a economías ilícitas. También es un territorio con fuerte influencia política de sectores progresistas y del Pacto Histórico.
¿Por qué se dice que el Cauca es un territorio simbólico para este gobierno?
Porque representa uno de los principales escenarios donde el Estado ha enfrentado problemas de seguridad, pero también porque ha sido una región clave para movimientos sociales, indígenas y sectores de izquierda. La llegada de un gobierno opositor al petrismo busca disputar ese escenario político.
¿Qué mensaje quiere enviar De la Espriella con una posesión en una guarnición militar?
Busca presentarse como un presidente cercano a las Fuerzas Militares y como un mandatario comprometido con recuperar la seguridad. También pretende respaldar la moral de soldados y policías, según su discurso de campaña.

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