El edificio Invico fue un símbolo de los cambios urbanísticos de Pereira durante cincuenta años. Ubicado en la avenida Circunvalar, con sus quince pisos que se veían casi desde cualquier punto, fue uno de los primeros que demostró que la ciudad podía crecer verticalmente. Desde el 10 de agosto han aparecido muchos videos de ese edificio blanco con azul, refleja lo devastador que fue el terremoto; se ven allí las paredes tarjadas, roídas, y el piso doce aplastado completamente por el trece.
La historia del rescate de los sobrevivientes de los pisos superiores me la cuenta Andrés García Martínez, secretario de Cultura de Risaralda. Sentado en una silla de camping, el viernes 14 de agosto, dice que justo en el piso 13 vivía su padre, Henry García Villegas, de 85 años y con movilidad reducida. Le pregunté por cuáles lugares fueron importantes para su vida ahora son solo recuerdo, se los llevó el terremoto.
—Pues voy a comenzar con un caso propio. La casa de mis papás quedó destruida. El apartamento de ellos quedaba en Invico, un edificio icónico en la ciudad de Pereira, referente de la historia moderna del departamento de Risaralda, de la ciudad de Pereira. Fue el que marcó el inicio, digamos, como de la modernidad, que ahora le puede venir.
Le pregunto a Andrés si es el video que se hizo famoso en redes y me dice que sí. Saca el celular y me dice que su padre vivía en el piso 13, me explica que el 12 desapareció, al parecer, porque los propietarios habían hecho modificaciones sin autorización de curaduría, eliminando vigas y columnas que le daban estabilidad. Aunque Andrés asegura que no está confirmado, no hay otra explicación para que todo un piso desapareciera.
—¿Cómo se entera usted de lo que había pasado con el edificio?
—Cuando sucedió el terremoto yo estaba en la Secretaría de Cultura coordinando mi comité semanal de Cultura. El terremoto fue a las siete y treinta y cuatro. Salí con mi equipo de trabajo porque nos tiraba el terremoto como piezas de ajedrez, de arriba hacia abajo. Evacuamos para el punto de encuentro establecido por los organismos de seguridad y, al concluir el terremoto y abrazarnos con el equipo de trabajo y con las demás personas, porque estábamos absolutamente atemorizados, yo giré mi mirada a ver el apartamento de mi padre y veo el desastre más horrible.
Andrés, que es un hombre evidentemente atlético, salió corriendo porque sabía que era imposible llegar en carro. Llegó al edificio y entendió que la situación era gravísima. Los ascensores se habían desprendido y las escaleras estaban repletas de escombros, transitables, los vecinos bajaban por allí, muchos lastimados. El portero le advirtió que no subiera, que todo podía venirse abajo. Pero no importó.
—Le dije: “Mi papá está arriba, hay que sacar a mi viejo”. Empecé a subir, a subir, a subir, a subir, a subir. Olía a gas, caía el agua, escombros, y solamente pude llegar hasta el piso once, porque las escaleras las tapó el derrumbe.
Andrés saca el celular y me muestra un video del momento en el que no puede avanzar por una plancha de cemento que tapona el acceso al piso 12. Regresó el camino, habló con su hija, que estaba sana y salva e intentó llamar a su padre, que después de varios intentos le contestó. Había subido al piso 14 para ayudar a algunas mujeres, pese a que anda con caminador.
—Entonces recibí la llamada de Diana Carolina Ramírez, que es la directora de la Dirección de Atención de Desastres de Risaralda. Con Diana Carolina somos compañeros del Consejo de Gobierno. Y le dije: “Tengo a mi papá atrapado en los últimos pisos, y no hay forma de acceder”. Le aclaré que no solo era mi padre, que eran varias personas y que podían morir si el edificio colapsaba.
Varias horas después apareció una megagrúa en el lugar, de las que usan los bomberos y los obreros para subirse a grandes alturas con seguridad.
— Me presenté y les conté que mi padre estaba arriba del piso 12, que yo podría colaborar instruyéndoles cómo era la distribución de los espacios y sugiriendo por dónde podía ser viable el rescate de mi padre y de las otras ocho personas que estaban completamente atrapadas. Y ellos, con todo el protocolo de seguridad, pues me permitieron estar en un punto para ser un enlace, pero nada más. Hasta me ofrecí a subir en la canastilla: “Rescato a mi papá y también a los vecinos y a mi mascota”. Hacia las cuatro de la tarde, cuatro y media, se dio el milagro. Entraron por el apartamento de mi padre porque el balcón se había desplomado, y como te mostré, logramos, inicialmente, porque era el primero que estaba, evacuar a mi padre en esta grúa, como en una serie increíble.
—¿Qué le dijo cuando se encontraron en el suelo?
—Él estaba en shock, me decía: “Mijo, por Dios, se cayó todo, mijo, no encuentro al perro”. Estaba muy preocupado por el perro.
Fueron minutos de angustia, pero lograron hacer el rescate de las nueve personas. El perrito schnauzer que acompañaba a don Henry cayó al vacío durante el terremoto, fue hallado entre los escombros.
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