Pico y Placa Medellín
viernes
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Salir de Táchira, dejar al padre y a la madre, renunciar a la banca que se ganó con cientos de votos en un consejo municipal, hacer creer que abandonó la causa opositora. Cruzar la frontera, tomar un bus hasta Medellín, pedir refugio en Colombia porque al otro lado iban a matarlo y ahora servir aguardiente y cerveza en una fonda vallenata, cuando tiene título de ingeniero y una vida política en ascenso.
Las escenas son el 2017 de Sebastián. Llamémoslo Sebastián, aunque el nombre de este joven es otro, y su edad y origen exacto los deja en reserva. No quiere levantar el avispero en el municipio venezolano donde aún lo persiguen, pero necesita hablar, contar cómo terminó de mesero en la capital antioqueña y, ojalá, presionar para que el Gobierno de Colombia responda pronto y de forma favorable a personas que, como él, corren riesgo en su patria y creen estar a salvo en este país.
El peligro de Sebastián está latente. En enero pasado, miembros del Sebin, Servicio Bolivariano de Inteligencia...