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Colombia vivió en 2025 su peor crisis humanitaria de la última década, según HRW

Según el informe, el Estado no ha logrado proteger de manera efectiva a la población civil, ni avanzar de forma sustancial en la investigación y desmantelamiento de los grupos armados.

  • Entre enero y agosto de 2025 más de 79.500 personas fueron víctimas de desplazamientos, la mayoría de la región del Catatumbo. Foto: Colprensa
    Entre enero y agosto de 2025 más de 79.500 personas fueron víctimas de desplazamientos, la mayoría de la región del Catatumbo. Foto: Colprensa
hace 2 horas
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Carmen García lleva toda su vida viviendo en el Catatumbo y nunca había visto algo como lo que pasó en enero del año pasado. Su relato es apenas un trazo de una de las escaladas más violentas que ha vivido el país en el tiempo reciente.

El 19 de enero de 2025, don Ernesto, otro viejo conocido de la región, se servía el primer café cuando el ir y venir de motos despertó su curiosidad. Desde la ventana alcanzó a distinguir camuflados y fusiles y, acostumbrado como quien ha visto demasiado, pensó que se trataba de un enfrentamiento más. No lo fue. Fue el único que, en más de tres décadas, lo desplazó.

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Ese día, el ELN expulsó a sangre y fuego a gran parte de las disidencias de las Farc que controlaban el territorio. Los combates fueron mortales y dejaron un saldo aún sin precisar de combatientes muertos, más de 60.000 personas desplazadas y víctimas civiles. La magnitud de la violencia marcó el episodio como uno de los más graves del conflicto armado colombiano en los últimos años.

Lo ocurrido fue documentado dentro y fuera del país. Casi toda una región quedó vaciada de habitantes luego de que dos grupos armados ilegales convirtieran sus tierras en escenario de guerra. Casas, colegios, estaciones de policía y centros de salud fueron transformados en campos de batalla donde la vida civil quedó atrapada y solo la brutalidad impuso sus reglas.

Conozca: Violencia en el Catatumbo: Defensoría alerta por desplazamiento de 250 personas tras combates

Todo esto quedó documentado en el informe Mundial 2025 de Human Rights Watch (HRW). La conclusión era apenas obvia. Según la organización, en 2025 Colombia atravesó una de las peores crisis humanitarias de la última década. Los abusos sistemáticos cometidos por distintos grupos armados profundizaron el deterioro de la situación humanitaria en varias regiones del país, no solo Catatumbo.

“Los abusos cometidos por los grupos armados, el limitado acceso a la justicia y los altos niveles de pobreza, especialmente entre las comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes, siguen siendo graves problemas de derechos humanos en Colombia”, se lee en el documento.

Cuando el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos firmó el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, en regiones históricamente vulnerables como Cauca, Norte de Santander, Arauca, Nariño, Chocó y Antioquia se abrió la esperanza de una vida en paz. Sin embargo, de acuerdo con el documento, esa expectativa no se materializó.

Casi una década después de la firma del Acuerdo de Paz de 2016, la violencia no solo persiste, sino que ha adoptado nuevas formas. Diversos grupos armados ilegales han ampliado su presencia en amplias zonas del país, disputándose el control territorial y las economías ilícitas.

Luego vino el Gobierno de Gustavo Petro con su política de “paz total”, con las mismas promesas de erradicar la guerra. No obstante, el resultado fue adverso. En el 2025 se dispararon los eventos violentos en el marco del conflicto armado y crecieron los grupos criminales.

Human Rights Watch advierte que en Colombia operan numerosos grupos armados impulsados por economías ilegales como el narcotráfico, la minería ilegal y la deforestación. Entre ellos figuran el Ejército de Liberación Nacional (ELN); varias disidencias surgidas tras la desmovilización de las FARC, como el Estado Mayor Central (EMC), el Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF) y la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), así como el Clan del Golfo o Ejército Gaitanista de Colombia (EGC).

De acuerdo con el informe, estos grupos continúan aplicando estrategias de extrema violencia para imponer control sobre la población civil en distintas regiones del país. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) reportó que más de 137.000 personas quedaron confinadas entre enero y agosto de 2025 por amenazas, combates y otras acciones armadas, una cifra que representa un aumento significativo frente a 2024.

El informe también alerta sobre el aumento del reclutamiento de menores. La Defensoría del Pueblo documentó 625 casos en 2024, un incremento del 81 % frente a los 342 registrados en 2023, y datos de Naciones Unidas indican que esta tendencia continuó en 2025.

La situación de seguridad se agravó además por el uso de explosivos. OCHA señaló que entre enero y agosto de 2025 al menos 544 civiles resultaron heridos o muertos por artefactos explosivos, un aumento del 145 % respecto al año anterior. A esto se suma el crecimiento del 138 % en los ataques con drones cargados con explosivos durante el primer semestre del año, según cifras del Ministerio de Defensa.

Human Rights Watch concluye que las fuerzas de seguridad y las autoridades judiciales no han logrado proteger de manera efectiva a la población civil, garantizar el acceso a la justicia de las víctimas ni avanzar de forma sustancial en la investigación y desmantelamiento de los grupos armados. A este panorama se suma la limitada capacidad de municipios y gobernaciones para atender a las víctimas, la respuesta lenta e insuficiente del Gobierno nacional y los recortes de la ayuda exterior de Estados Unidos, que han debilitado aún más la atención a las crisis humanitarias, incluso por parte de las agencias de Naciones Unidas.

Este deterioro se agudizó en un contexto político especialmente sensible. El período previo a las elecciones legislativas y presidenciales de 2026 estuvo marcado por una escalada de violencia que alcanzó incluso a la dirigencia política, como lo evidenció el asesinato del congresista y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, un hecho que encendió las alarmas sobre las garantías democráticas y la seguridad en el país.

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